20/1/17

Misioneros por el mundo en Mozambique

“Misioneros por el mundo”, tras las huellas de san Francisco Javier en Mozambique para mostranos la labor de varios misioneros españoles





Hoy el programa de “Misioneros por el Mundo” que 13 TV emitirá a las 21:15 horas llegará hasta la Isla de Mozambique, la ciudad insular situada al norte del país, donde llegó en 1541 san Francisco Javier. Allí, el patrón de las Misiones permaneció 6 meses acogiendo a los esclavos negros. En esta isla de mayoría musulmana vive hoy la hermana Antonia Martínez Rivera, una Franciscana de la Purísima Concepción nacida en Almería hace 73 años.

A unos 115 kilómetros de la Isla, en Nacala, conoceremos al padre paúl José Eugenio, párroco en la ciudad y director de un instituto politécnico con internando para 800 jóvenes, que se encuentra en una zona rural próxima, Nacuxa. Con este asturiano ha colaborado estrechamente el joven matrimonio madrileño formado por Mª Jara Zotes y Carlos “Charlie” García, una farmacéutica y un médico, que decidieron ir a la misión recién casados.

Finalmente, en Nampula, llegaremos al Monasterio “Mater Dei Ame Awe Muluku", fundado por la misionera turolense María del Carmen Calvo Ariño, sor Juliana. Esta Sierva de María fue la impulsora de este monasterio de clausura abierta, en el que la vida monástica se conjuga con la atención a un orfanato. En este Monasterio, las monjas (2 españolas y 20 mozambiqueñas, además de las novicias y jóvenes aspirantes) acogen a unas 60 niñas internas.


Si no puedes verlo desde tu televisor puedes verlo en directo desde: 
http://www.13tv.es/ en twitter también puedes seguirlo con #MisionerosxelMundo y darnos tu opinión sobre la labor de los misioneros.



5/1/17

Queridos Reyes Magos...

¿Imaginas como sería una carta a los Reyes Magos de unos niños a los que ayuda Infancia Misionera?



Queridos Reyes Magos:
Somos Peter, Braleir y Jans. Os escribimos porque nos han dicho que vosotros queréis mucho a los niños y cumplís sus deseos, si se han portado bien. ¡Guaaaauuuu! Esto a nosotros nos parece maravilloso. No sabíamos que existíais, pero desde que sabemos que estáis ahí la vida nos ha dado un vuelco. Yo hasta sueño con vosotros. Nos han dicho que, de los tres, uno es de nuestro color de piel; pues a ese nos dirigimos porque seguro que nos entiende mejor. 
También nos han contado lo que otros niños piden: que si coches de carreras que andan solos, muñecas que lloran o ríen, juegos para meter en una máquina con pantalla, etc. Nosotros, queridos Reyes Magos, no es que no queramos  que nos traigáis alguna de esas cosas, al contrario, nos gustaría muchíiiiisimo, pero como nos han dicho también que todo, todo, no lo soléis traer y que, después, durante el año, os ponéis de acuerdo con los papás y les decís a ellos lo que les pueden regalar a sus hijos con motivo del cumpleaños, de las buenas notas, etc, os vamos a hacer la lista por orden de preferencia.
En primer lugar os pedimos AGUA. Rey Baltasar, tú cuando eras pequeños ¿tuviste que andar 8 kilómetros todas las mañanas para ir al pozo a por agua? Casi, casi, seguro que sí. No sabemos exactamente que es un rey, pero aquí, el hombre más importante del poblado tampoco tiene agua en su casa y su mamá va con las nuestras a buscar agua cada mañana. Sería fantástico si, por ser Navidad, nos regalaseis un pozo en medio del poblado. ¿Os podéis imaginar la alegría inmensa que sentiríamos, si al despertarnos el día 6 de enero por la mañana, hubiera una fuente de agua donde todos pudiésemos coger agua?
El segundo y el tercero van en un pack, os pedimos, queridos Reyes Magos, una ESCUELA y un MAESTRO. En la última guerrilla, hace ya 3 años, nos quemaron los pupitres, los libros, rompieron la pizarra y el maestro tuvo que huir. Rey Baltasar, ¿tú pudiste ir al colegio? Si fuiste, ya sabes lo importante que es, y si no pudiste ir como nos pasa a nosotros, ahora que eres mayor entiendes que nos encantaría tener una escuela y un maestro para aprender tantas cosas bonitas que se saben y están escritas en los libros.
Ufff, estamos dudando qué debe ser lo cuarto que os pidamos. Peter dice que le gustaría que le regalaseis un pantalón nuevo, es que él es un poco presumido y como solo tiene el que lleva puesto y se le ha quedado pequeño…Braleir propone que pidamos unos globos y unos caramelos. Cuando vienen los Misioneras a vernos y nos traen…¡¡menuda fiesta!!
Y yo casi me inclino a pediros lo que nos dijo el Padre en la misa y me llamó mucho la atención: Queridos Reyes Magos, os pido que en el corazón de todos los niños del mundo se encienda la Luz de la Navidad, es decir, el gozo y la alegría de saber que Dios es Amor, se ha hecho pequeño y está con nosotros.

Gracias por atender nuestra carta desde este rincón de África. Nos despedimos con mucho cariño: Peter, Braleir y Jans
Tomado de la revista Gesto
Enero 2017


Con tu ayuda a Infancia Misionera alguno de los sueños de estos niños quizá se cumplan www.infanciamisionera.es

3/1/17

Un 2017 a lo grande

“El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí” es el lema que ha dado el papa Francisco para la XXXII Jornada Mundial de la Juventud del año 2017. El fin del año y el inicio del nuevo año nos invitan a ser agradecidos con Dios y a confiar en su acción en nuestras vidas.



“El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí” (Lc 1,49)  con estas palabras de María en el Magnificat nos ayudan a entender el maravilloso proyecto que Dios tiene con cada uno de nosotros. Especialmente en el tiempo de la Navidad nos damos cuenta cada año que efectivamente Dios cumple sus promesas y hace obras grandes en nosotros, en la Iglesia y en el mundo. Sólo hace falta entrar en sintonía con su plan de salvación, acoger su palabra y darle cabida en nuestro corazón para que se haga vida, como hizo María.

Podemos recoger esta invitación del Papa para comenzar en nuevo año con esperanza, ilusión y alegría. Dios pone delante de nosotros la oportunidad de aprovechar muy bien el año que vamos a estrenar. Él en este año va a hacer obras grandes en la historia de la humanidad. Solo necesita quien quiera ser protagonista de estos hechos, quien quiera colaborar y le preste su mente, su corazón y sus fuerzas. Los jóvenes tienen un lugar especial en el corazón de Francisco; él confía en su capacidad de iniciativa y de riesgo pero sobre todo en su sensibilidad y cercanía con los más pobres y necesitados. En OMP también confiamos en su generosidad y espíritu misionero.

Joven, los misioneros te necesitan
Dicen que “un viaje de mil millas comienza con un solo paso” y también las grandes obras de Dios comienzan por las cosas más sencillas. Por eso, el comienzo de año es también el momento de programarse, de hacer planes y de dejar hueco para que Dios pueda tener espacio en nuestras vidas. 

Desde OMP queremos recordar las diferentes oportunidades que ofrece el nuevo año a los jóvenes para vivir la misión. Es el momento de pensar a lo grande y dejar que Dios nos diga las grandes obras que quiere hacer en nuestra vida en las cosas sencillas que nos da:
La revista Supergesto mantiene vivo el espíritu misionero de los jóvenes y forma para la misión.

El Encuentro misionero de jóvenes es la gran oportunidad de encontrarse y compartir con otros jóvenes con inquietud misionera. Este año el lema es “Una cosa te falta…” (Mc 10,21)” y será del 21 al 23 de abril.

La guía “Compartir la misión” ofrece muchas posibilidades de colaborar con los misioneros.

#VeranoMisión es el gran momento en que -aprovechando las vacaciones- se puede experimentar y conocer de cerca la labor de los misioneros.



No hay excusa para no vivir 2017 a lo grande. Dios nos ofrece un nuevo año lleno de su amor, nos confía la historia de la humanidad y nos da los medios para poder rendir el fruto a que nos destina. 

2/1/17

Mi deseo para el Año Nuevo: un mundo con Dios



Ahora que todos tenemos buenos deseos para el Año Nuevo, me atrevo a pedir uno: Un mundo en el que Dios vuelva a estar presente. No hay más que echar una mirada a nuestro entorno para comprobar que las cosas no están mejor desde que hemos decidido echarle de nuestras vidas. Tenemos una gran nostalgia de Dios, pero la disimulamos distrayéndonos con una oferta inabarcable de propuestas que nos impiden mirar serenamente al corazón, y ver lo triste que está sin el Señor.

Un mundo con Dios. No es un deseo imposible. Tengo un ejército de amigos que están empeñados en convertir este deseo en realidad. Los misioneros son testigos del giro de 180º que da el corazón del hombre cuando se abre a Dios, cuando le deja entrar en su vida. Y un hombre lleno de Dios, es un hombre que sale de sí al encuentro de sus hermanos, es un hombre que transforma su pueblo, su ciudad, su país, el mundo. ¿No es esto lo que más necesitamos?

Me he encontrado un texto sobre los misioneros del cardenal Robert Sarah, en su libro “Dios o Nada”, que me ha confirmado en la convicción de que, gracias a ellos, un mundo con Dios, un mundo transformado por el amor, es posible:
“Con medios irrisorios llevan a la humanidad toda la bondad de Dios. Muchas veces las instituciones misioneras son las únicas que se ocupan de los pobres y de los enfermos que no le importan a nadie. Cuando gobiernos irresponsables, ejércitos despiadados o grupos de presión sedientos de beneficios siembran el terror y la desesperanza, solo quedan las manos abiertas de Dios que, gracias al coraje de los mensajeros del Evangelio, consuelan a los más pobres de entre los pobres. Entre esos misioneros hay santos. Aunque a muchos de ellos no los conocerá nadie, su santidad es impresionante”.

Acabamos de celebrar la Navidad, y parece que está ya tan lejos… Pero Dios está aquí para acompañarnos cada día de nuestra vida. Siempre he pensado que los misioneros viven como nadie el misterio de la Encarnación. Celebrar que Dios se ha hecho hombre, es celebrar al Emmanuel, Dios con nosotros. Un Dios que nos enseña a amar amando.

Jesús se ha mezclado con su pueblo sin privilegios, siendo uno entre tantos. Así actúan los misioneros; ellos saben que para llevar la noticia del Salvador a los hombres, hay que estar entre ellos, comprendiendo sus preocupaciones, sus dolores y alegrías. Como ha hecho Dios con nosotros, los misioneros cultivan la paciencia, dejando que cada ser humano haga libremente su camino, y estando a su lado para acompañar, dar ánimo y levantar al que cae. Hacerse pequeño con el pequeño es la gran lección de la Navidad, que nuestros misioneros han comprendido tan bien.

Sí, mi deseo para 2017 es que Dios vuelva al mundo. La contemplación de la cuna vacía esperando al Niño tiene que ser una escena pasajera del Adviento, pero lo que nuestro corazón anhela es contemplar permanentemente la PRESENCIA de Dios entre nosotros.

Dora Rivas
OMP España - Comunicación con los misioneros 

31/12/16

La no violencia, el estilo de los misioneros

Al leer el mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de la Paz, uno no puede dejar de pensar en los misioneros: “Ser hoy verdaderos discípulos de Jesús significa también aceptar su propuesta de la no violencia”.  



El Papa recuerda al Premio Nobel de la Paz en 1979, santa Teresa de Calcuta, y la propone como “un símbolo, un icono de nuestros tiempos”. El mensaje de “no violencia activa” de esta Misionera de la Caridad, consistía en “vivir unidos, amándonos unos a otros”, como el mejor modo “para traer la paz”.
Los seguidores de Jesús, los que siguen sus enseñanzas, saben que Él enseñó “que el verdadero campo de batalla, en el que se enfrentan la violencia y la paz, es el corazón humano”. El amor a los enemigos, poner la otra mejilla, impedir que la adúltera fuera lapidada por sus acusadores, obligar a Pedro a envainar la espada… Este fue el “camino de la no violencia” que trazó Jesús y que “siguió hasta el final, hasta la cruz, mediante la cual construyó la paz y destruyó la enemistad”.

Fuera del cristianismo, el Papa reconoce también a muchos otros hombres que practicaron la no violencia “con decisión y coherencia” como el Mahatma Gandhi o Martin Luther King, pero se fija sobre todo en el compromiso de la Iglesia “en el desarrollo de estrategias no violentas para la promoción de la paz en muchos países, implicando incluso a los actores más violentos en un mayor esfuerzo para construir una paz justa y duradera”.

Vienen a nuestra memoria misioneros como el espiritano Benedicto Sánchez que trabajó por la reconciliación en Angola; el padre blanco Germán Arconada, en la región de los Grandes Lagos; o la misionera de Jesús, María y José, Mª Pilar Díez Espelosin, enseñando el lenguaje del perdón a hutus y tutsis.
Junto al compromiso por la paz de la Iglesia, Su Santidad recuerda también el de otras tradiciones religiosas, y aprovecha para afirmar que “la violencia es una profanación del nombre de Dios”.

Finalmente, el Papa Francisco subraya que “si el origen del que brota la violencia está en el corazón de los hombres”, entonces es fundamental comenzar a “recorrer el sendero de la no violencia, en el seno de la familia”. La familia es “el espacio indispensable” en el que “los desacuerdos o incluso los conflictos deben ser superados no con la fuerza, sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro, la misericordia y el perdón”. Desde la familia, “la alegría se propaga al mundo y se irradia a toda la sociedad”.

La propuesta del Papa, “la no violencia” como “estilo de política para la paz” como reza el título de su mensaje, es también un llamamiento “a los líderes políticos y religiosos, a los responsables de las instituciones internacionales y los dirigentes de las empresas y de los medios de comunicación de todo el mundo” a ser “trabajadores por la paz”. Para lograrlo, Francisco propone un “manual” de instrucciones: las ocho bienaventuranzas del Sermón de la montaña, que “trazan el perfil de la persona que podemos definir bienaventurada”.


Dora Rivas
OMP España - Comunicación con los misioneros 


28/12/16

Descubriendo las navidades... en todo globo terráqueo

"Veo el mapa mundi y pienso que basta con pasar un dedo sobre él para comprender que la Navidad será diferentes en muchos rincones del mundo. Navidades negras en las aguas del Mediterráneo, de idolatría en Líbano y Siria; navidades sin alma en Argelia o de vergüenza ajena en Nigeria; navidades cargadas de miedo y violencia en República Centroafricana; navidades tristes en casa de las misioneras asesinadas este año; pero también Navidades de oración de gozo y esperanza para millones de 'buena gente' repartida por el mundo" Carta de monseñor Juan José Aguirre, misionero en República Centroafricana



 

En el despacho del colegio y veo el mapa mundi que la hermana Ana tiene en su mesa. Pienso que basta con pasar un dedo sobre él para comprender que la Navidad serán diferentes en muchos rincones del mundo, que las bombillas de colores que vemos desde la tele alumbrándose en Washington, el Taiwán o en Sao Paolo no existirán en miles de zonas del globo entre otras cosas porque allí no hay ni bombillas, ni electricidad, ni tele. Paso mis dedos sobre cordilleras y mares y pienso que muchas de las navidades de países con mucha renta per capita, serán navidades de fiesta y pandereta pero, al mismo tiempo, impregnadas de miopías porque ignorantes de que en tantos pequeños sitios del globo están con el agua al cuello, hundidos en el fango o en fase terminal.

Paso mis yemas por las aguas del Mar Mediterráneo, y pienso en aquellos a los que les toque estar pasando sus negruras en la noche del 24. Navidades negras. Ahora que nuestro Mar se ha convertido en cementerio para más de 5.000 personas, sus aguas ya no son tan azules, sus olas traen presagios de tristeza y la sal de su vientre se ha vuelto sosa. La muerte acecha allí cada día. Como dice la canción de Dylan: "¿cuántas muertes habrán aún de llegar antes de darnos cuenta de que han sido demasiadas?" Millares de refugiados ponen sus ganas de una vida mejor arracimados en pateras de fortuna. Pero esta esperanza se escapa como la sal mojada entre los dedos porque nuestro mar continúa a coleccionar muertos en sus entrañas. Así cada día, desde hace muchos. Sea Navidad o no. Navidades saladas de muerte por mucho que cante Serrat su preciosa canción. Propongo que en cada hogar se deje un espacio vacío en recuerdo de tanta pobre gente, que ha perdido  la vida tan cerca de nuestras playas y tan lejos de nuestros corazones. Navidades gélidas para los que consiguieron  llegar a las playas o fueron rescatados en alta mar, y a los pocos meses se les devuelve (en caliente?, en frío? en templado?, vaya eufemismo!) a sus países de origen. Haber vencido a la brutal y onerosa travesía no les ha servido de nada. Su sueños rotos en mil pedazos!! ¿Cuántos oídos más deben tener en Estrasburgo para poder escuchar el grito de los pobres?

Mi dedo se aleja hacia el Líbano y luego  Siria, Alepo, ¿qué navidades van a vivir allí? Los hermanos maristas tenían un orfanato en el barrio ocupado por la guerrilla. Navidades heroicas. Los hombres de la Cruz blanca (musulmanes) no dan abasto con sus ambulancias para sacar gente de entre los escombros, niños desfigurados, familias desmembradas... Hay escuelas que se han hundido sobre los alumnos machacándolos a todos. Navidades de polvo en Alepo. De funerales infantiles. De caminos áridos para aquellos que dejan Siria, de espanto intravenoso para los que emigran por el desierto, buscando asilo en Turquía, huyendo de los criminales del Daes. Esos que invocan el nombre de Allah en vano, un Dios que no es cómo ellos nos lo quieren hacer ver. Esos que ponen a Dios como pantalla de sus crímenes. Navidades de idolatría.

Bajo mi dedo, descabalgo el mágico desierto de Argelia, navidades de arena, de Tamanrasset lleno a reventar hasta ayer de gente apresada en ciudades argelinas y devueltas "manu militari" en autobuses a la linde del desierto para que se pudran allí: navidades sin alma, navidades de vergüenza ajena. Dejo la Argelia del hermanito Carlos de Faucault (un siglo de su martirio!) y pongo la yema  (y me quemo) en el norte de Nigeria sobre los miles de personas sometidas por el Boko Haram, niñas raptadas, pueblos carbonizados por el horror. El Boko Haram nació hacia 2002 en una etnia del norte de Nigeria, los Kanuri, en aquellas fechas "indignados" por la pobreza en que los tenía sometidos el gobierno su país. El predicador Mohamed Yussuf caldeó tanto el ambiente que sus huestes son lo que son hoy: criminales sin escrúpulos. Busco con la mirada la ciudad de Djakana, 40% cristiana no obstante los kamikaces, los secuestros, las brutalidades de los radicales. Allí, durante la cuaresma de febrero pasado, la gente estaba rezando el Viacrucis, cuando en la 7ª estación ("Jesús cae por segunda vez"), una niña kamikaze drogada se hizo estallar en el mercado. La séptima estación los salvó esta vez y hoy vivirán una navidad de milagro, nunca mejor dicho.

En Centroáfrica serán navidades calientes. Grupos rebeldes musulmanes se baten entre ellos desde hace semanas. Guerra por el poder, por el control de la guerrilla. Con el "Incha Alláh" en la boca, nada más se acercan los unos a los otros saltan chispas. Navidades tensas, cargadas de miedo y de violencia, de obuses y de metralla, que traen su aliento fétido hasta las puertas de Bangassou. Los rebeldes están a 70 kms de nosotros. Miles de civiles han llegado a la misión de Nzacko (tengo allí dos curas) huyendo de la quema en el norte de Bambari. Hace 20 días los Ngoula y Runga (etnias musulmanas del norte de Centroáfrica armadas por el gobierno del Chad, ahora radicalizadas, también ellos antiguos "indignados"), atacaron a otros musulmanes radicales en Bria, mataron a un centenar de hombres y a su comandante, al que cortaron la cabeza colocándola sobre una pica a la entrada del mercado. Selekas contra Selekas. Parece como si el nuevo presidente de Centroáfrica lo fuera solamente de la capital Bangui. En el resto, los señores de la guerra se  dividen el país a su antojo, oprimen y roban en los 500 kms de la pista de selva que lleva hasta Bangassou, 500 kms de electricidad comprimida como en la punta de esas pistolas eléctricas de los vigilantes profesionales; justamente la pista por donde tendrán que atravesar, dentro de unos meses,  dos contenedores preparados desde Córdoba, con tanto cariño, con leche en polvo, neumáticos, comida, placas solares, ropa y calzado para los huérfanos y mil cosas más. Hasta que lleguen, serán unas navidades muy inquietas cuya sombra se alargará hasta bien entrado 2017.

Vuelvo con mi dedo a Europa. Navidades sísmicas en el centro de Italia, allí donde las fuerzas de la tierra parece que se han enfurruñado con las obras de arte, las Iglesias y todas las construcciones. Navidades pasadas por agua por las inundaciones en Andalucía, navidades de lluvia, "porque el tiempo está loco", en Centroamérica y en muchas zonas del planeta, navidades de terremoto en Haití o en Japón, de dolor (o contento) en Cuba, navidades solitarias en tantas habitaciones de la tercera edad, navidades serenas y alegres en tantas familias de bien unidas cada año por la quieta alegría de juntarse otra vez. Navidades de gozo y esperanza en los millones de "buena gente" repartida por el mundo. Navidades tristes en casa de la misionera catalana Isabel Solá, asesinada también en Haití el pasado 2 de septiembre , o en Yemen donde el 4 de marzo pasado, milicias chiitas radicales asesinaron a 4 misioneras de la Caridad. 

En muchas capillas de selva, en decenas de países de África y también en miles de pueblos de selva en Perú, Colombia o Ecuador, sin luz ni contaminación, serán navidades de oración, de estupor, (en África no hay "comida" de Navidad ni botellón posterior). De ingenuo asombro al descubrir que "Dios salva" (Jesús) muestra su rostro no como un tiburón de las finanzas o un vencedor de guerras sino como un niño frágil, con sed de teta, en las manos de María y bajo la protección de José. Los cristianos cantarán para el Príncipe de la Paz el "Gloria in excelsis Deo" a su manera y caerán rendidos de puro cantar. Muchos niños, dormidos como lirones, liados a la espalda de sus madres,  soñarán mientras ellas danzan la navidad rebullidas de gozo y se preparan a comulgar, la que será la mejor y única cena de esa noche santa. 

Navidades cálidas en la noche africana... Las mías serán en una de estas capillas, un pueblecito cerca de Bangassou, una punta de alfiler en el mapa, rodeado de cultivadores de cacahuetes, un cielo cuajado de estrellas y algún que otro ex rebelde, ahora desarmado; todos rezando y de vez en cuando mirando de reojo al bosque de sabana arboleada en donde pueden aparecer de pronto gente armada, gente mala y sin escrúpulos, asesinos huérfanos de navidades.

Levanto la vista del mapa mundi y veo que la hermana Ana, la intendente, lleva un rato intentando darme unos papeles. Me ha pillado fuera de juego. Yo llevaba un rato "alejado" de su despacho. Estaba navegando por el mapa y por las nubes. Recorriendo el mundo desde las alturas. Descubriendo las navidades, musitando a todos Feliz Navidad y feliz Año Nuevo.

¡Desde Bangassou: Feliz Navidad a los millones de "buena gente" repartida por el mundo!


Juan José Aguirre Muñoz
Obispo de Bangassou

                                     

27/12/16

Vivir la Navidad en Mongolia

La Navidad es una oportunidad para que otros se pregunten: ¿Qué gran fiesta estáis celebrando los cristianos?



Esperanza Becerra, Misionera de la Consolata, nos cuenta cómo viven la Navidad en Mongolia:

Ya son 5 las navidades que vivo y celebro en Mongolia. Es una gran alegría tener la oportunidad de caminar con un pueblo que hace solo 25 años abrió sus puertas al mensaje de Cristo. 

En la capital Ulaanbaatar en estos días, continuando una tradición iniciada cuando el país era parte de la Unión Soviética, se adorna con grandes árboles decorados de luces y regalos. No son para celebrar la Navidad, ya que el país no es cristiano, sino que con esas decoraciones se celebra el Año. Pero para nosotros los cristianos son una manera escondida de proclamar una gran noticia: las luces hablan de Aquél que es la Luz; los pinos siempre verdes hablan de la vida sin fin de Aquel que es la Vida, y los regalos hablan del gran don que Dios nos dio haciéndose uno de nosotros. Son el símbolo de algo nuevo que está llegando… muchos al ver la ciudad tan iluminada se pueden preguntar: ¿Por qué tanta belleza?, ¿por qué estas fiestas? ¿Por qué tanta alegría? Navidad es y será para todos una oportunidad para encontrarse con Dios que se ha hecho uno con nosotros y quién sabe si mañana, haciéndose estas preguntas, alguien sienta el deseo de conocer, amar y seguir a Jesús, ¡esperemos que sí!

La Navidad aquí no es un día de fiesta, es un día laboral, pero la pequeña Iglesia lo celebra con gran adhesión personal, en la oración incesante, en la animada celebración de la Eucaristía y en la alegre fiesta como comunidad católica. En las 6 parroquias misioneras que existen en Mongolia se celebraran la Misas el 24 noche y el 25 de diciembre, con gran participación de los fieles junto también a algunos simpatizantes no cristianos.
La celebración de la Navidad como familia casi no se conoce en Mongolia porque las familias cristianas son jóvenes y pocas. Así la celebración de la Navidad se hace en las comunidades parroquiales. Con frecuencia son jóvenes y niños los principales animadores de las celebraciones, ya sea con cantos o realizando representaciones inspiradas a la historia de la Natividad, que es un modo también de hacer conocer a la gente común, sobre todo a quien la celebra por primera vez, la historia de Jesús y el grande misterio de la Encarnación. La Navidad es por eso también para nosotros una oportunidad de evangelización a los no creyentes.  La celebración comunitaria nos hace sentir  que no estamos solos en esta nueva manera de vivir la vida: Jesús nos acoge a todos y formamos una nueva familia. Este es un sentimiento que nos da grande fuerza para vivir la fe en la cotidianidad dando testimonio de  que «Dios se ha hecho hombre  para que el hombre se haga Dios».

Chamia, una joven mongol cristiana comenta emocionada que para ella la Navidad es "la Buena Noticia que nace para toda la humanidad. Para nosotros, que somos pocos y a veces los únicos en la familia que creemos, es importante celebrarlo en la Parroquia, donde hemos comenzado a vivir el evangelio. Al principio nos llamaba la atención el pesebre, la decoración, los cantos... Ahora gracias a los misioneros que vinieron a compartir su fe con nosotros hemos comprendido el significado profundo de esta celebración: Dios se hace hombre para estar junto a nosotros".



Esperanza Becerra 
Misionera de la Consolata en Mongolia



23/12/16

Las campanadas de Belén



Las Obras Misionales Pontificias son como el campanario de una iglesia desde el que se puede contemplar la vida del pueblo, sus vicisitudes y encrucijadas. Desde esta perspectiva universal y misionera podemos descubrir y conocer la vida de tantos pueblos, sobre todo la de aquellos cuya existencia parece no tener relieve social, pero que tienen vida aunque sea silenciosa y aparentemente sin relieve. El panorama que contemplamos es una invitación irrenunciable a identificarnos con estos hermanos nuestros, aun que desconocidos. Compromiso que nos lleva a asumir el gozoso el rol del campanero para avisar al pueblo ante cualquier circunstancia especial o para convocar a su gente a las celebraciones comunitarias mediante el repique de las campanas. Allá arriba, al lado de las campanas y  asiendo sus badajos están los misioneros, oteando el horizonte para conocer de primera mano la vida de los pueblos para comunicar al mundo entero lo que sucede y para convocar a la humanidad a un compromiso misionero.  A través de ellos la Iglesia se hace misión hasta el último confín del universo.

Obras Misionales Pontificias tiene el gozo de invitar al Pueblo de Dios para participar en esta misión. Lo hace a lo largo del año, pero de manera particular en estos días de Navidad. Basta con acercarnos al portal de Belén para escuchar el sonido de las campanadas que en tres momentos sucesivos nos interpelan para responder positivamente a Dios que nos llama a ser discípulos misioneros. Quienes escuchan sus sonidos y están prontos para ponerse en pié pueden vivir la experiencia gozosa de una navidad misionera, que no se circunscribe a unos días determinados, sino a todo el año. Ojalá esta Navidad tenga para nosotros ecos misioneros a lo largo del año, porque para quienes tienen “pasión por la misión”, siempre es Navidad. 

El primero de los toques campaneros se oyó el día del DOMUND con aquel volteo de repique que repetía una y mil veces “Sal de tu tierra”. En un principio apenas se percibió la más mínima respuesta porque “aún quedaba mucho tiempo”. Pero su persistencia conseguía despertarnos del posible anquilosamiento e instalación en el que vivíamos. Había llegado la hora de dejar muchas cosas y prepararse para salir de casa. Era la primera llamada a tomar parte en la urgencia de la misión que implicaba salir del pequeño círculo egocéntrico que nos encierra en nuestro pequeño mundo. Este primer toque convoca a Belén donde descubrimos al mismo Dios que sale de su misterio escondido para hacerse presente y visible ante los hombres. Dios sale de sí mismo. Allí en Belén contemplamos a María y José que responden a los planes de Dios, saliendo de sus propios proyectos que, por muy buenos que fueran, eran distintos a los de Dios.  Incluso tuvieron que salir de su “Nazaret” para caminar hacia un lugar donde ni siquiera había espacio para ellos. Junto a las campanas de esta “aldea global” se pueden ver a tantos misioneros y misioneras que salieron de su tierra, subieron a la altura de la misión y con su testimonio nos despiertan de la tentación de dejar para más tarde la arriesgada decisión de permitir a Dios que rompa nuestros planes. Desde la altura de la misión ellos son un permanente repicar para que nos pongamos en camino, acompañando a María y a José.

Con motivo de la Jornada de Infancia Misionera suena la segunda campanada con la fuerza del que tiene autoridad, aun respetando la libertad: “Sígueme”. Palabra que golpea con fuerza el corazón de quienes han tenido la decisión de salir de sí mismos. El Dios hecho hombre sale al encuentro del hombre, su hermano, y le propone que siga sus huellas. Al visualizar cualquier “belén” se constata la sencillez de unos pastores que, de pronto escuchan un sonido sorprendente –de unas campanas?- que les anima a ponerse en camino e ir al lugar de su origen. Dejan sus cosas, su rebaño, y juntos van acercándose al Portal, donde contemplan a una madre que acaba de alumbrar a un niño. Al ofrecerle lo que tienen descubren el secreto gratificante del seguimiento. Los sonidos de esta segunda campanada siguen resonando en la actualidad con la voz del Papa Francisco al decirnos que es el tiempo de la misericordia, que es el tiempo de ponerse en camino, es el tiempo del seguimiento. La mediación próxima y más inmediata de quienes compartimos el carisma de las Obras Misionales Pontificias son los misioneros que al llegar a la misión nos desvelan sus rostros en los que se reflejan la admiración agradecida. Se han dejado sorprender, como les sucedió a los pastores. Las circunstancias narrativas de la cultura de estos pueblos son superadas por la constatación del “algo divino” que descubren en ellos. Surge el deseo de identificarse con su lengua y forma de ser. Deciden quedarse allí con ellos, recibiendo el cariño y la acogida de quien les han abierto las puertas de su hogar y ofreciéndoles lo mejor de su “rebaño”, la fe que han recibido.

Finalmente las Obras Misionales Pontificias, con motivo de la Jornada dedicada a orar y colaborar con las vocaciones nacientes en los Territorios de misión, hacen resonar la tercera campanada. Al llegar al Portal de Belén, después de haber recorrido el camino, descubrimos al Niño Dios, en los brazos de María y José. Es un espacio que no tiene fronteras ni puertas. Es la Iglesia sin aduanas. Allí llegan unos Magos de Oriente para dar fe de lo que están viendo y permanecer un tiempo con ellos. Cuando percibieron en su corazón los primeros barruntos de la vocación no sólo se pusieron en camino, sino que de modo inteligente fueron preguntando hasta llegar al destino, hasta encontrar la certeza de su vocación. Se quedaron un tiempo, el indispensable y necesario, para madurar la certeza de la fe y de la vocación. La respuesta, “Aquí estoy, mándame”, será el sonido de esta tercera Jornada misionera. Es la respuesta a la tercera campanada. Con el rastro de los Magos podemos entender la necesidad acompañar a las vocaciones locales, al sacerdocio y a la vida consagrada, en todo el proceso de su formación. Después, como sucedió con los Magos, se expanden por el mundo sin necesidad de una nueva estrella porque ellos se han convertido en estrella de la humanidad. Estos son nuestros misioneros, “estrella de la humanidad”. Donde hay un misionero hay un punto de ignición que ilumina, quema y transforma. Es el eco de la comunidad que celebra la fe reconociendo a Dios oculto en el corazón de cada hombre de cada mujer.

De esta manera podemos entender que el Portal de Belén no es una estación de término, sino más bien de partida, es la cátedra del amor de Dios. Desde el interior de aquella cueva brota como una fuerza interior que transforma a quien se ha acercado no por curiosidad, sino por amor, y sale de allí para contar a otros lo que ha visto y experimentado. Así el misionero, sin saberlo ni buscarlo, se convierte en testigo, en discípulo misionero.
Anastasio Gil García

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