1/6/12

Obreros del Evangelio

La Iglesia celebra el día 1 de mayo la fiesta de San José Obrero. El 19 de marzo se le veneraba por su fidelidad a la misión que Dios le había encomendado. Ahora la Iglesia invita a los fieles a contemplar en su figura el trabajo que ha realizado como cualquier persona de su tiempo. San José vivía de su trabajo, poniendo en valor todos los talentos recibidos. Esta es la voluntad del Creador al encomendar al hombre el sometimiento de la Tierra y de todo cuanto ella contiene. “Esta verdad –dice el Concilio Vaticano II– tiene su vigencia también en los trabajos ordinarios. Porque los hombres y mujeres [...], mientras procuran el sustento para sí y para sus familias, disponen de su trabajo de tal manera que resulte beneficioso para la humanidad” (GS 34). Benedicto XVI, al inicio de su pontificado, se autodenomina como “trabajador”: “Queridos hermanos y hermanas: después del gran papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor”. La primera afirmación que realiza de sí mismo hace referencia a su condición de trabajador, de obrero. Inmediatamente después, refiere dicha condición al Señor, que “sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes”. No es de extrañar que en el primero de los documentos pontificios contemporáneos referidos a la misión se describa a los misioneros como trabajadores en la viña del Señor (cf. MI 40). Contemplar sin prejuicios la vida de cualquier misionero lleva a descubrirle como una persona que pone todos sus talentos al servicio de la construcción del Reino. “Trabajar por el Reino quiere decir reconocer y favorecer el dinamismo divino, que está presente en la historia humana y la transforma. Construir el Reino significa trabajar por la liberación del mal en todas sus formas” (RM 15). La actividad misionera, en cualquiera de sus facetas, es la expresión del trabajo humano, ordenado y social de quienes han sido llamados a la misión. Ese trabajo de los misioneros desvela además una importante sutileza: que el verdadero protagonista del desarrollo de la humanidad no es la técnica ni el dinero, sino la persona. Basta solo ver la gran labor humanitaria que realizan, a pesar de la escasez de medios. O tal vez por eso. Ellos trabajan por el desarrollo integral de la persona y de la sociedad, “por medio de escuelas, centros sanitarios, leproserías, casas de asistencia para minusválidos y ancianos, iniciativas para la promoción de la mujer y otras similares” (RM 60). La ausencia de estos recursos y la gratuidad de sus vidas son la ocasión, nunca la causa, para la implantación de la justicia, la promoción humana y el respeto por la naturaleza. Trabajar así interpela a quien lo contempla con una cierta perplejidad y se pregunta cuál es la causa de este modo de proceder. La fiesta de San José Obrero es una nueva oportunidad para descubrir que la condición de “obreros de la viña del Señor” no necesariamente debe circunscribirse a aquellos que gozan, en justicia, de la relación contractual entre empleador y empleado. Entre los trabajadores como voluntarios, sin otra recompensa que la satisfacción por el trabajo realizado, destacan los misioneros que han asumido este encargo del Señor con responsabilidad profesional. Los frutos de esta labor son para la humanidad y, en definitiva, para el Dueño de la mies que sigue haciendo fructificar su trabajo. 

Anastasio Gil García 
Director Nacional de OMP - España 
Revista Misioneros Tercer Milenio, mayo de 2012
Mayo: Por cristianos de África, para que den testimonio de reconciliación, de justicia y paz, imitando a Jesús
Tribuna Misionera Seminaristas Misioneros: Reflexiones sobre el documento "El don de la vocación presbiteral"

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