4/6/12

Desde Indonesia...


'Debemos inculcar en los jóvenes el espíritu servicial del mensaje de Jesús'
Juan Ángel Artiles, es misionero claretiano en Indonesia. Sabe muy bien como es la misión en Asia, sus seis años en Indonesia y Timor Occidental dan para mucho. Conoce a la perfección la situación política, económica y social del país y tiene muy clara la acción pastoral que se debe llevar a cabo, al margen de los múltiples proyectos humanitarios que se están desarrollando allí.

Nacido hace cincuenta años en Las Palmas de Gran Canaria, descansa en estos momentos de manera "obligada" en Madrid de su labor misionera en Indonesia. Una lesión de rodilla, causada por un accidente de moto, le tiene apartado momentáneamente de la misión y de sus tareas de ayuda al prójimo en Kupang, pero regresará a finales de este verano. 

“En una sociedad en la que se cambia de religión por despecho a otra, resulta muy difícil la labor misionera”

¿Cómo es la vida de un católico en el país con mayor número de musulmanes del mundo? 
No es la situación más cómoda. Hay presiones, pero tampoco podemos decir que nos encontremos en peligro. Las manifestaciones católicas en la calle están reducidas a la mínima expresión, pero, siempre y cuando las realices con respeto y desde la moderación, no sueles tener problemas. Los protestantes pasan por mayores dificultades, y a que, en ocasiones, pierden esa moderación necesaria. De todos modos, he vivido mucho tiempo en Nusa Tenggara Timur (NTT), una provincia indonesia de mayoría católica, y, aunque se no tala influencia del Gobierno central, sientes una seguridad tranquilizadora. Está muy claro que en Indonesia la sociedad tiene marcado un pentagrama de comportamiento; si no te sales de él, no debes tener ningún problema. Los inconvenientes pueden venir cuando no respetas esas pautas…

¿Ha sido testigo directo de algún conflicto?
Conflicto en sí grave, no, pero sí una anécdota curiosa. En nuestra comunidad, un hermano que había estudiado reflexología podal trataba a la gente de manera gratuita, con independencia de su religión y condición social. Esto alertó a la comunidad islámica de la zona, que llegó a pintar unos símbolos en nuestra casa, los cuales, según descubrimos, eran amenazas de quemárnosla. Quisimos hacer ver que esta actividad no se trataba de una propagación de fe, sino algo puramente solidario. Nos reunimos con un dirigente religioso, al que le propusimos quedar con tres hombres y dos mujeres a los que enseñar durante un mes los conceptos de la reflexología, y que de esta manera ellos también pudieran aplicarla entre los suyos. Él aceptó y, al darse cuenta de que no se trataba de nada religioso, dio por zanjado o el supuesto conflicto. 

Julio: Por nuestros hermanos que se han alejado de la fe, para que, con nuestra oración puedan redescubrir la cercanía del Señor
Tribuna Misionera Estatuto de Obras Misionales Pontificias: "Puesta al día"

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