24/10/12

Sentir la llamada…


“Dios me llamó a través de la necesidad de la gente. Nunca me planteé una vida misionera, pero en Malí tuve un encuentro tan fuerte con la Misión que me cambió por completo”. 

Así arranca la conversación con Maite Oiartzun, una Navarra del Valle de Ultzama, que desde 1994 desarrolla todo tipo de actividades vinculadas al mundo de la misión. De familia numerosa, Maite siempre ha tenido muy claras sus convicciones religiosas. Creyente de toda la vida, siempre pensó, sin embargo, que lo suyo iba a encaminarse hacia una vida laica.

Pero todo cambió en un viaje a África, concretamente a Malí. “Llevaba 15 años ejerciendo mi profesión como profesora en Pamplona. Tenía mi familia, mi trabajo... Pero un conocido misionero, Jesús Martínez Presa, de los Padres Blancos, me invitó en el año 95 a viajar con él a África, y lo hice, pero en plan turista”, comenta nuestra protagonista.

Un grito de Dios

Tal fue el impacto que la realidad de Malí causó en Maite, que transformó su vida. “Sentí como un grito de Dios que me decía ‘te necesito aquí’. La educación cristiana siempre ha estado en mis raíces, y de pequeña me enseñaban que san Francisco Javier había salido al extranjero para evangelizar, y eso es justamente lo que noté en ese momento. Debía transmitir a toda esa gente el mensaje de Jesús y ayudarles en las innumerables necesidades que padecían”, cuenta.

Que millones de personas en el mundo no hubieran escuchado el mensaje de Jesús, inquietaba a Maite. “Todo el mundo tiene derecho a aprender y a conocer”, señala. Su primera vocación de maestra le hacía pensar que podía aportar mucho a toda esa gente necesitada. Pero el dilema se presentaba mayúsculo: ¿Seguir con la vida de siempre o dejarlo todo por la llamada de Dios? “Viví una gran lucha interna. Lo tenía todo aquí. Recién sacadas unas oposiciones, con trabajo de por vida... Pero Dios me ganó y me fui”.

Las Misioneras de Nuestra Señora de África acogieron a esta ‘novata’, que tenía muy claro que “la cercanía de la gente y el compromiso de ayuda con los africanos”. Era lo que iba a llenar su vida a partir de esos momentos. Había encontrado su verdadera vocación y lo que le hacía sentirse realizada.

“Todo daba sentido a mi vida, tenía dos claras pasiones, Dios y África”.


Israel Íñiguez
Revista Misioneros – Verano 2012

Esto es solo una muestra, te invitamos a leer el artículo completo en:
Mayo: Por cristianos de África, para que den testimonio de reconciliación, de justicia y paz, imitando a Jesús
Tribuna Misionera Seminaristas Misioneros: Reflexiones sobre el documento "El don de la vocación presbiteral"

Publicaciones Misioneras


Revista Gesto Revista Supergesto Misioneros Illuminare