29/11/12

Del mensaje del Papa para la JMJ2013


“El alma de la misión es el Espíritu de amor, que nos empuja a salir de nosotros mismos, para «ir» y evangelizar. Queridos jóvenes, dejaos conducir por la fuerza del amor de Dios, dejad que este amor venza la tendencia a encerrarse en el propio mundo, en los propios problemas, en las propias costumbres. Tened el valor de «salir» de vosotros mismos hacia los demás y guiarlos hasta el encuentro con Dios”.´


En su mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que tendrá lugar en Río de Janeiro (Brasil) del 23 al 28 de julio de 2013, el Papa recuerda el mandato misionero recogido por el evangelista san Marcos diciendo que “Jesús envió a sus discípulos en misión con ese encargo, el de ir «al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación »”.
No se puede ser misionero sin evangelizar, y evangelizar, recuerda el Papa es “llevar a los demás la Buena Nueva de la salvación y esta Buena Nueva es una persona: Jesucristo”.
Muchos jóvenes saben que este encuentro cambia la vida y Benedicto XVI lo ha interpretado así: “Cuando le encuentro, cuando descubro hasta qué punto soy amado por Dios y salvado por él, nace en mí no sólo el deseo, sino la necesidad de darlo a conocer a otros”.
Es una constatación que se repite una y otra vez en los evangelios. Lo explica el Papa: “Al principio del Evangelio de Juan vemos a Andrés que, después de haber encontrado a Jesús, se da prisa para llevarle a su hermano Simón. La evangelización parte siempre del encuentro con Cristo, el Señor”.
“Quien se ha acercado a él y ha hecho la experiencia de su amor, quiere compartir en seguida la belleza de este encuentro que nace de esta amistad. Cuanto más conocemos a Cristo, más deseamos anunciarlo. Cuanto más hablamos con él, más deseamos hablar de él. Cuanto más nos hemos dejado conquistar, más deseamos llevar a otros hacia él”.
Pero podríamos preguntarnos, ¿cómo se llega a Cristo? ¿cómo puedo conocerlo? El Papa nos responde: “Por medio del bautismo, que nos hace nacer a una vida nueva, el Espíritu Santo se establece en nosotros e inflama nuestra mente y nuestro corazón. Es él quien nos guía a conocer a Dios y a entablar una amistad cada vez más profunda con Cristo; es el Espíritu quien nos impulsa a hacer el bien, a servir a los demás, a entregarnos”.
Las ayudas de Dios nunca nos faltan y son abundantes, si mediante el Bautismo nos incorporamos a Cristo, “mediante la confirmación somos fortalecidos por sus dones para testimoniar el Evangelio con más madurez cada vez”. 
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