6/11/12

DOMUND: Buen sabor de boca


Siempre hemos oído a los misioneros que es mucho más lo que se recibe que lo que se da. Uno va en un principio pensando todo lo que puede aportar, y con el paso del tiempo y con el conocimiento de la gente… se descubre que la mochila lejos de irse vaciando se va llenando de experiencias, de sentimientos, de alegría, de compromisos… ¡uno se vuelve rico de cosas buenas!

Ese mismo sentimiento es el que debemos tener quienes, en el mes del Domund, que acaba de finalizar, hemos sembrado por doquier el espíritu misionero: es ese buen sabor de boca que deja el trabajo bien realizado. El regustillo que da el cumplimiento de nuestras obligaciones con espíritu de sacrificio y alegría.

¿Los frutos? ¡Qué más da! Lo importante es poderse acostar por la noche con la sensación de haber hecho un trabajo duro, pero bonito, al servicio de la Iglesia y, en nuestro caso, de la misión. Los frutos los dará el Señor de la mies que es quien puede mover el corazón de las personas. A nosotros no nos toca gloriarnos de los frutos que hemos conseguido, sino del trabajo del mejor modo realizado para que Él, sí, Él y sólo Él, pueda dar muchos frutos.

Ha pasado el mes de octubre. Hemos trabajado con mucho entusiasmo por sacar adelante este mes misionero por antonomasia. Los misioneros y los animadores de misiones han multiplicado su tiempo para poder atender a tantas peticiones de testimonios, de oraciones, de celebraciones. Los animadores han motivado en las parroquias, propias y ajenas, para que cada semana se viva el espíritu misionero que le corresponde: oración, sacrificio, cooperación económica, vocaciones…; los voluntarios han ‘ensobrado’ y doblado y contado paquetes, cartas, carteles, pegatinas…; los encargados de medios de comunicación no han dejado de enviar noticias, datos, motivaciones para atender a todos (prensa, radio, TV, internet...); los trabajadores han hecho paquetes, han llevado y traído material, han puesto buena cara a quienes venían preguntando, pidiendo, quejándose o sonriendo.

En definitiva, hemos removido, sembrado, regado con el sudor de nuestro trabajo la tierra que nos ha tocado labrar. Ahora lo dejamos en manos de Dios que sabe más y mejor lo que nos conviene. Nosotros nos quedamos con el buen sabor de boca y el Señor con la alegría de ver lo hecho. Y nosotros decimos, ¿cómo no? “Siervos inútiles somos, hemos hecho lo que debíamos hacer” (Lc 17, 7), pero ¡oye! ¡que contentos nos hemos quedado! 

A todos ¡Gracias!

José María Calderón
Delegado de Misiones de Madrid


Tomado de la web del Consejo Diocesano de Madrid http://www.misionmadrid.com/
Para leer la Revista: http://www.misionmadrid.com/assets/4f7742f5/193_mm_noviembre_2012.pdf


Abril: Que los jóvenes sepan responder con generosidad a su propia vocación; considerando la posibilidad de consagrarse al Señor.
Tribuna Misionera Seminaristas Misioneros: Reflexiones sobre el documento "El don de la vocación presbiteral"

Publicaciones Misioneras


Revista Gesto Revista Supergesto Misioneros Illuminare