26/11/12

JMJ 2013: Discípulos “encadenados”


En numerosas ocasiones hemos oído al Papa advirtiendo sobre el peligro del individualismo, pero tal vez para nadie sea tan peligrosa esta forma de egoísmo, como para el católico, que es por definición, alguien que respira en la universalidad. La universalidad católica no afecta sólo al espacio, sino también al tiempo. La comunión de los santos nos conecta con quienes nos han precedido (que ya no están físicamente entre nosotros, pero con los que podemos contar).
Nos lo recuerda el Papa en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de 2013, que tendrá lugar en Río de Janeiro (Brasil): “Os aconsejo que hagáis memoria de los dones recibidos de Dios para transmitirlos a su vez. Aprended a leer vuestra historia personal, tomad también conciencia de la maravillosa herencia de las generaciones que os han precedido: Numerosos creyentes nos han transmitido la fe con valentía, enfrentándose a pruebas e incomprensiones. No olvidemos nunca que formamos parte de una enorme cadena de hombres y mujeres que nos han transmitido la verdad de la fe y que cuentan con nosotros para que otros la reciban”. Desde aquí, se entiende que ser misionero presuponga “el conocimiento de este patrimonio recibido, que es la fe de la Iglesia”. 
¿Cómo podremos anunciar aquello en lo que creemos si no lo conocemos? En la introducción de YouCat, el catecismo para jóvenes que el Papa les regaló en la JMJ de Madrid, escribía: “tenéis que conocer vuestra fe de forma tan precisa como un especialista en informática conoce el sistema operativo de su ordenador, como un buen músico conoce su pieza musical. Sí, tenéis que estar más profundamente enraizados en la fe que la generación de vuestros padres, para poder enfrentaros a los retos y tentaciones de este tiempo con fuerza y decisión”.
Éste es el abc del misionero, que según Benedicto XVI es “ante todo ser discípulo de Cristo, escuchar una y otra vez la invitación a seguirle, la invitación a mirarle: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón»”. El Santo Padre nos lo explica con más detalle: “Un discípulo es, de hecho, una persona que se pone a la escucha de la palabra de Jesús (…) se trata de que cada uno de vosotros se deje plasmar cada día por la Palabra de Dios; ésta os hará amigos del Señor Jesucristo, capaces de incorporar a otros jóvenes en esta amistad con él”. 
Además, el Papa considera que la llamada misionera es necesaria para el camino de fe personal de cada joven: “Al anunciar el Evangelio vosotros mismos crecéis arraigándoos cada vez más profundamente en Cristo, os convertís en cristianos maduros”. 
No puede ser más bonita la exhortación de Benedicto XVI: “El compromiso misionero es una dimensión esencial de la fe; no se puede ser un verdadero creyente si no se evangeliza. El anuncio del Evangelio no puede ser más que la consecuencia de la alegría de haber encontrado en Cristo la roca sobre la que construir la propia existencia. Esforzándoos en servir a los demás y en anunciarles el Evangelio, vuestra vida, a menudo dispersa en diversas actividades, encontrará su unidad en el Señor, os construiréis también vosotros mismos, creceréis y maduraréis en humanidad”.



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