27/12/12

El Señor os dé su Paz...

Los franciscanos de Tierra Santa, custodios de la Gruta de la Natividad, os deseamos: ¡Paz y Bien! Esa paz que anunciaron los ángeles de Belén: “¡en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!” (Lc 2,14)
No guardéis sólo para vosotros la gracia que habéis recibido. ¡Comunicad a los demás vuestro encuentro con el Niño Dios en Navidad y sed testigos de su amor! Haced que el Niño Jesús nazca en los corazones enamorados, como hacía el “Pobrecillo de Asís".
Desde esta comunidad, donde somos más de 85 frailes, que van desde los que tienen 22 años hasta el que ha llegado a 100, os deseamos que el amor y la paz reinen en vuestros corazones y que podáis vivir con salud y felicidad durante todo el Año Nuevo que pronto comenzaremos. Eso es lo que pediremos al Niño Jesús y a su Madre en la Gruta de la Natividad. ¡El Niño de Belén os colme de sus gracias! 


En Belén, en la Noche Santa, los ángeles anuncian alborozados a los pastores que ha terminado la espera, que ha llegado la salvación para todos: “Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,11-12). En Belén, hace 2012 años, cambió la vida de la humanidad y la historia comenzó a caminar desde esta Gruta.
Ocurrió algo nuevo e inaudito para todos nosotros. “Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer” (Gal 4,4). ¡No tengas miedo! Dios no viene con pompa ni ostentación ni con las armas; es un ser frágil y débil, es un Niño, que carece de todo, que vive en la miseria de un establo, que tiene necesidad del amor humano, de nuestro amor. Es un Niño que reposa plácidamente en un pesebre. Dios – decía San Francisco -, se ha hecho “niño pequeñuelo”, y “se crió a los pechos de madre humana" (2Cel 199). Es un Niño feliz, a pesar de la pobreza de la Gruta, porque está con María y José, sus padres.
Es el que contemplamos en la Gruta de Belén, en el Lugar Santo de su Nacimiento: “Aquí, de la Virgen María, nació Jesús”.  “Nosotros lo hemos visto y damos testimonio… y os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo” (1Jn 1,1-4). Y os suplicamos que tengáis fe en Él, pues de nada sirve decir que Dios ha tomado carne de la Virgen María, “si no ha venido a habitar en esta carne mía”, escribía  Orígenes. 
En estas fiestas navideñas anhelamos con más fuerza la paz, el amor, y la felicidad. Por eso, pedimos al Niño, al “Príncipe de la Paz” (Is 9,5) que se acuerde de Su Tierra y del mundo, en especial de Siria, y que mueva los corazones de todos los hombres de buena voluntad para que tiendan los puentes de la concordia y del amor.
En Belén rogamos al Niño Jesús que nos enseñe a reconocerlo en los más pequeños y en los más pobres de este mundo y que nuestra ternura y afecto hacia Él, el Niño-Dios, se transforme en pan para los hambrientos, en compasión y en ayuda para los necesitados. Que se acuerde de todos los niños del mundo, en especial de “los niños inocentes”, que el Herodes de turno no se cansa de eliminar. Pedimos también por los cristianos de Tierra Santa, que se encuentran como el Niño y sus padres: No había sitio para ellos en la posada” (Lc 2,7), para que en estas fiestas tengan “motivos de esperanza”.

Os deseo a vosotros y vuestros seres queridos:

¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo 2013!

Artemio Vítores, Vicecustodio de los franciscanos en Tierra Santa


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