18/1/13

Infancia Misionera ayuda a Angola


Para ayudar a los niños de Lwena, en el este de Angola, Infancia Misionera les ha hecho llegar 38.500 dólares para alimentos, libros y, por qué no, balones de fútbol y baloncesto.
Esta es una de las ayudas que la Obra de Infancia Misionera ha enviado con la recaudación del año pasado. Se cumple así el lema de Infancia Misionera los “niños ayudan a los niños”, con las aportaciones de los niños españoles se ha podido ayudar a los niños más necesitados de Ángola.

Lwena es una población del este de Angola, sede de la diócesis del mismo nombre, que cuenta con una gran presencia de niños de Infancia Misionera. Este año se han distribuido 300 ejemplares entre los animadores y catequistas de un manual de Infancia Misionera adaptado a la realidad de este gran rincón de África – la diócesis tiene nada menos que 223.043 kilómetros cuadrados, casi las dimensiones de Italia, pero con sólo 700.000 habitantes.
Mons. Jesús Tirso Blanco, salesiano, es el obispo. Aunque argentino, lleva 27 años en Angola. Desde 1985. Mons. Jesús ha impulsado la Infancia Misionera y quiere que se formen como misioneros, que sean dignos herederos de sus padres que mantuvieron la fe hasta el martirio. Y es que durante años esta diócesis ha sufrido la persecución y la violencia. Muchas comunidades cristianas no vieron a un sacerdote o a un misionero por mucho tiempo, pero se mantuvieron vivas, en medio de una situación de guerra civil, sobre todo gracias a los catequistas laicos, de los que muchos dieron su sangre.

Tras 20 años de violencia toda la zona de Lwena estaba devastada. Todas las familias tenían un muerto que llorar. Hubo campos de refugiados. Hoy hay zonas peligrosas por las minas enterradas durante la guerra. Pero poco a poco, la Iglesia ha ido reconstruyendo sus estructuras para dar servicio a la población. Una de ellas es la Casa de Familia que acoge a chicos de la calle – y con la que colabora Infancia Misionera – porque otra de las consecuencias de la guerra ha sido el desarraigo, la droga y la delincuencia. En ella viven durante el día 150 niños que escapan así a su dura realidad. Y este 8 de julio pasado, se reinauguraba la catedral, tras largos trabajos para borrar de este edificio las cicatrices de la guerra. Por supuesto, con una ceremonia al estilo africano que duró horas y en la que participaron innumerables fieles. Todos los presentes vieron esto como una señal de esperanza y de paz.

OMPRESS-ANGOLA
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