29/1/13

Misioneros de la Paz

La Jornada Mundial de la Paz nos ha recordado a tantos misioneros y misioneras que están haciendo posible esa paz en los ámbitos sociales y geográficos donde la confrontación entre las personas y los pueblos es una triste realidad. Allí, ellos, al anunciar el Evangelio, se convierten en instrumentos de la paz. Por eso en verdad pueden ser llamados “misioneros de la paz”, y a nadie mejor que a ellos se pueden aplicar las palabras de Jesús: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán ellos llamados hijos de Dios” (Mt 5,9).
La labor del misionero consiste en despertar o suscitar lo que subyace en el interior de cada persona. Cuando Pablo desvela a los atenienses quién es el “Dios desconocido” que adoraban, trata de sacar a la luz lo que hay en el interior del hombre. “El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios [...] y solo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar” (CCE, 27).

El Mensaje que Benedicto XVI ha entregado este año a la Iglesia y a la humanidad para la Jornada Mundial de la Paz se fundamenta en esta convicción. Desde el principio reconoce que las muchas iniciativas de reconciliación que enriquecen el mundo “atestiguan la vocación innata de la humanidad hacia la paz”. La necesidad de la paz está en el interior de cada persona y de cada pueblo. “El deseo de paz es una aspiración esencial de cada hombre, y coincide en cierto modo con el deseo de una vida humana plena, feliz y lograda”. Por eso Jesús llama felices y bienaventurados a quienes promueven la paz y son artífices de ella.

La palabra, el testimonio y la vida entregada de un misionero es un signo evidente de su opción por construir la paz desde dentro. No encontraremos ordinariamente a los misioneros en gestiones políticas de acuerdos bilaterales, sino dando el testimonio de cómo son posibles el amor y la reconciliación; en definitiva, de cómo es posible la paz. Cuando en el Mensaje se recuerda que “es necesario enseñar a los hombres a amarse y educarse para la paz, a vivir con benevolencia, más que con simple tolerancia, [...] a decir «no» a la venganza, a reconocer las propias culpas, a aceptar las disculpas sin exigirlas y, en fin, a perdonar”, está haciendo un perfecta radiografía del trabajo de quienes son en verdad “misioneros de la paz”.

La paz es don mesiánico que Dios ofrece gratuitamente a la humanidad, como único camino para alcanzar el bien común. Cuando aquella es destruida o conculcada, se destruye el orden querido por Dios. Pero, además, es una obra humana: cada día y en cada circunstancia, los creyentes se transforman también en “misioneros de la paz”, si promueven la justicia, el recíproco respeto y la reconciliación. Así lo desea Benedicto XVI, parafraseando una de las oraciones más queridas del pueblo cristiano. Pidamos a Dios que “nos haga instrumentos de su paz, para llevar su amor donde hubiese odio, su perdón donde hubiese ofensa, la verdadera fe donde hubiese duda”.

Anastasio Gil García
Director Nacional de OMP - España
Revista Misioneros Tercer Milenio, Enero de 2013
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Tribuna Misionera Seminaristas Misioneros: Reflexiones sobre el documento "El don de la vocación presbiteral"

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