26/2/13

Recíproca solidaridad Misionera


Estamos en pleno tiempo cuaresmal hacia la Pascua de Jesús, en el Año de la FE, a la espera inmediata de un nuevo sucesor de Pedro, dócil a los impulsos del Espíritu, conscientes de que "la primera y principal obligación en pro de la difusión de la fe es vivir profundamente la vida cristiana"(AG 36): Abramos, a todos, sin miedos ni temores, las Puertas de la Misión.

Acabo de leer, complacido y agradecido, el espléndido Mensaje para el Día de Hispanoamérica del Card. Marc Ouellet, Ilumina e interpela, a la vez, nuestro espíritu misionero, tanto a nivel personal como comunitario; es una urgente invitación a compartir hoy la Misión de Jesús, cada cual según su propia vocación; tanto para los que viven en las Comunidades de España, como para quienes vivimos la Fe cristiana en América Latina, Continente de le Esperanza.
No se trata de que ustedes sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad. En el caso presente, la abundancia de ustedes suple la necesidad de ellos,
para que un día, la abundancia de ellos supla la necesidad de ustedes. Así habrá igualdad. (2Cor 8, 13-14)

Me han venido a la mente, súbitamente, las palabras de Pablo a los corintios, cuando explica los motivos de la Colecta para la Comunidad de Jerusalén, signo y expresión concreta de la generosidad y de la verdadera solidaridad que deben reinar en el corazón de los discípulos misioneros de Jesucristo, nuestro Señor, que siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza (2Cor  8, 9).

Si es cierto que  -como repite el Mensaje- el ímpetu misionero ha sido el mejor signo e indicador de la vitalidad de la fe de la Iglesia y de sus comunidades cristianas, debemos todos, en España y en América, abrir, de par en par, las Puertas a la Misión.

No cabe la menor duda de la gran gesta realizada, a lo largo de los años, por los miles de misioneros y misioneras españoles, sacerdotes diocesanos Fidei donum, religiosos y laicos en estas entrañables tierras americanas. Pregoneros de la FE del Evangelio de Jesús, en nombre de sus Iglesias diocesanas y Congregaciones Religiosas, han dado lo mejor de sus vidas para hacer presente el Reino de Dios, consolar y promover integralmente a las gentes de estos queridos pueblos de América, especialmente a los más pobres, y cooperar con los dones recibidos con las Iglesias más jóvenes.

La fuerza del Espíritu Santo, protagonista y agente principal de la Evangelización que suscita en el corazón de quienes creemos y amamos a Jesús y a su Iglesia, es la causa última de la vocación misionera. Así, como impulsó a María a visitar a su prima Isabel, y como ungió y envió a Cristo a anunciar el Evangelio a todos; aún hoy, este mismo Espíritu de Dios, sigue iluminando, llamando y proponiendo, respetuosamente, a los discípulos de Jesús, a compartir y continuar su obra y su misión. La realidad y los desafíos del mundo actual, de la sociedad y de la Iglesia, cambian, pero Cristo y la Misión de llevar la Buena Nueva a todos los hombres, permanece.

Participar activamente de la Misión ad gentes y de la Nueva Evangelización, en América o en cualquier otro Continente es justo y necesario, y como miembros de la Iglesia, misionera por naturaleza, es nuestro deber y salvación, como rezamos en los prefacios de la Eucaristía, para que venga el Reino de Dios, para instaurar la fraternidad universal que tanta falta hace en el tiempo presente que nos toca vivir. Además,  de rejuvenecernos, nos abre a dimensiones insospechadas de comunicación y alegría fraternas y enriquece las Iglesias de envío y destino misionero.

El mandato de Jesús: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación"(Mc 16,15); así, como también, la manera de llevarlo a cabo como el mismo Cristo: "es decir, por el sendero de la pobreza, la obediencias, el servicio y la inmolación propia hasta la muerte" (AG5), son más necesarios y actuales que nunca. Hay que "salir" a los caminos del mundo, conocer, compartir la vida y la fe, intercambiar generosamente los dones recibidos, cumplir con el deber de la recíproca y verdadera solidaridad cristiana para vivir la alegría de la comunión fraterna, es decir, del amor de Dios.

Desde nuestra pobreza, aún siendo una Iglesia necesitada de misioneros, y como fruto de la Misión Continental, la Iglesia que peregrina en la fe en Formosa (Argentina) acaba de realizar, durante el pasado mes de enero, una hermosa experiencia misionera en la Diócesis de Kakamega, en el oeste de Kenia. Laicos, consagradas, diácono, presbítero y obispo hemos tenido la gracia de anunciar, compartir y acrecentar la fe con muchos hermanos, sentir la "experiencia del amor que se recibe y se comunica" con alegría y gratuidad. En estos próximos días, un matrimonio formoseño parte por un año a Bombay (India) para anunciar y compartir el Evangelio de Jesús. 


+José Vicente Conejero Gallego
           Obispo de Formosa  (Argentina)
Julio: Por nuestros hermanos que se han alejado de la fe, para que, con nuestra oración puedan redescubrir la cercanía del Señor
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