20/3/13

Tribuna Misionera


Sirva esta “Tribuna” para rendir un reconocimiento agradecido al Papa emérito Benedicto XVI. 
Sus palabras y gestos han otorgado a la Iglesia la sabiduría clarividente para buscar y ofrecer la unidad en el pensamiento y en la acción misionera, obviando discusiones estériles que, en la mayoría de los casos, desviaban la atención sobre lo esencial, que es anunciar el Evangelio.

Benedicto XVI, servidor de la unidad en la misión

Varias son las cuestiones que en los diversos foros misioneros se planteaban de forma dicotómica o excluyente.  Evoco algunas de ellas.

El verano de 2012 Benedicto XVI visita la sede central de la Sociedad del Verbo Divino. En esta ocasión el hoy Papa emérito hizo referencia a los momentos en que un grupo de teólogos elaboraba en esta sede el borrador del futuro decreto conciliar Ad gentes. El texto superó una tradicional controversia entre la implantatio Ecclesiae y la annuntiatio Evangelii, posturas procedentes de la escuela de Lovaina y de la de Münster, controversia que, a juicio de Joseph Ratzinger, era un debate estéril. La doctrina de Ad gentes supera por elevación esta discusión para entregar a la Iglesia “un decreto bello y bueno, casi aceptado unánimemente por todos los Padres conciliares, y para mí es también un complemento muy bueno de la Lumen Gentium” (Nemi, 9-7-2012).

El compromiso de la Iglesia de promover la dignidad de las personas alcanza su máxima expresión en la labor de los misioneros, que entregan su vida para salvar la de los demás, en su integridad. Ahora bien, la razón profunda de su vocación misionera es hacer presente el Evangelio; por eso el anuncio de Jesucristo tiene la precedencia. Así lo decía Benedicto XVI en un encuentro con los obispos de Alemania, con quienes compartía algunos comentarios de obispos de África que mostraban su agradecimiento por las ayudas recibidas. Pero “la experiencia de esos obispos es precisamente que la evangelización debe tener la precedencia; que es necesario hacer que se conozca, se ame y se crea en el Dios de Jesucristo; que hay que convertir los corazones, para que exista también progreso en el campo social” (Múnich, 10-9-2006).

En los dos últimos mensajes con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones, Benedicto XVI recuerda la complementariedad entre la labor social y la actividad misionera. No puede ni debe haber separación o exclusión, pues el anuncio del Evangelio “se convierte en una intervención de ayuda al prójimo, de justicia para los más pobres” (2011), porque “en la evangelización no se descuidan los aspectos que se refieren a la promoción humana, la justicia, la liberación de toda forma de opresión” (2012).

Al mirar con agradecimiento el pontificado de Benedicto XVI, desde Obras Misionales Pontificias, queremos recordar estos momentos singulares de su Magisterio como referencias necesarias para no desviar, de manera excluyente, la atención y la ayuda a aspectos parciales de la salvación integral de las personas. Sus palabras nos ayudan a recordar que, mientras Pedro y Juan le dicen al paralítico: “No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo Nazareno, levántate y anda” (Hch 3,6), Pablo solicitaba la cooperación económica de las Iglesias nacientes para ayudar a los hermanos de Jerusalén que pasaban necesidad. Así es y debe ser la esencia de la actividad de la Iglesia.


Anastasio Gil García
Director Nacional de OMP - España
Revista Misioneros Tercer Milenio, Marzo de 2013

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