3/4/13

Salir más allá de las propias fronteras

La Evangelización está permanentemente en los gestos y en las palabras del nuevo Papa Francisco. Esta reiterada invitación a salir de nosotros mismos es una interpelación para descubrir el alcance de la pregunta sobre qué tipo de Evangelización está preconizando el Papa.

Una primera apreciación parecería indicar que la tarea se circunscribe únicamente a los más próximos, a los inmediatos, a los de aquí, para dar la razón a quienes reiteran: ¡la misión está aquí! Pero sus intervenciones llevan a comprender que evangelizar es ir más allá de las propias fronteras, salir al encuentro de los que están lejos. A estos evangelizadores les llamaba en época reciente “un fuerte signo del Espíritu en la gesta evangelizadora”. Son signo del Evangelio y portadores de la Buena noticia, como lo fueron los evangelizadores de la primera hora.

La dimensión universal de la evangelización se percibe con claridad en la Exhortación del Arzobispo de Buenos Aires a los fieles de esta Iglesia local al iniciar el año de la Fe: “Cruzar el umbral de la fe es vivir en el espíritu del Concilio y de Aparecida, Iglesia de puertas abiertas no sólo para recibir sino fundamentalmente para salir y llenar de evangelio la calle y la vida de los hombres de nuestros tiempo”. Cuando habla del hombre de nuestro tiempo apela al pensamiento de Juan Pablo II, citándole en una de sus cartas pastorales: "El hombre contemporáneo cree más a los testigos que a los maestros; cree más en la experiencia que en la doctrina, en la vida y los hechos que en las teorías" (RM, 42), más que nunca, es importante ser sal y ser luz.

La invitación a salir de uno mismo, del grupo de pertenencia, de la misma parroquia, es una auténtica propuesta misionera. En estas palabras se esconde un corazón ardiente para que los cristianos sean “luz y sal”, como le gusta interpelar a los grupos misioneros. Es en el Decreto Ad Gentes conciliar donde el Cardenal Bergoglio encuentra la radicalidad de la vocación a la misión: "La Iglesia agradece con inmenso gozo el don inestimable de la vocación sacerdotal que Dios ha concedido a tantos jóvenes entre los pueblos convertidos recientemente a Cristo " (AG, 16). “Pienso en cada uno de los jóvenes que integran los grupos misioneros y los animo a no tener miedo a soñar, a tener ideales grandes, a ser testigos de Jesús muerto y resucitado por amor, a ser constructores de esperanza”. Palabras claras, dirigidas a los jóvenes, que abren nuevos y arriesgados horizontes.

Para superar la tentación de mirar a los límites geográficos de una diócesis o de una parroquia, el Cardenal Bergoglio asume como propio el pensamiento de Aparecida: “El mundo espera de nuestra Iglesia latinoamericana y caribeña un compromiso más significativo con la misión universal en todos los Continentes. Para no caer en la trampa de encerrarnos en nosotros mismos, debemos formarnos como discípulos misioneros sin fronteras, dispuestos a ir “a la otra orilla”, aquélla en la que Cristo no es aún reconocido como Dios y Señor y la Iglesia no está todavía presente” (n. 376).

Seguro que pronto veremos estos pensamientos plasmados en un Mensaje misionero.


Anastasio Gil García
Director Nacional de OMP - España
Revista Misioneros Tercer Milenio, Abril de 2013
Mayo: Por cristianos de África, para que den testimonio de reconciliación, de justicia y paz, imitando a Jesús
Tribuna Misionera Seminaristas Misioneros: Reflexiones sobre el documento "El don de la vocación presbiteral"

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