22/5/13

Crónica de las Jornadas Misioneras


“Yo fui un bebé misionero”. Así se jactaba Asier ante sus compañeros de instituto de haber sido misionero en una de las zonas más pobres de Santiago de Chile, con apenas unos meses de vida. Su madre, Sonia Olea, lo contó en la Asamblea Nacional de responsables de la animación misionera en España, que tuvo este año como tema de reflexión, el voluntariado misionero.

El voluntariado misionero es un fenómeno creciente en los últimos años, que está contribuyendo a la nueva evangelización tanto en los países de misión como en nuestros países occidentales. Sonia lo explicaba con un ejemplo sacado de su propia familia, donde después de la resistencia inicial de los abuelos, hoy son capaces de decir a sus hijos que haber sido familia misionera “es el mejor regalo”, que han hecho a sus nietos.

Una de las características del voluntario misionero es la “gratuidad”, que para Sonia se mide no tanto por no percibir salario cuanto por estar “disponible” en cualquier momento. Desde otro punto de vista, la gratificación económica rompe la relación de “voluntario”, según comentó Fernando Giménez, vicesecretario de Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española (CEE), invitado a pronunciar la conferencia de clausura sobre el tema “Los bienes económicos al servicio de la misión”. Respecto a la identidad de este tipo de voluntariado, directamente encaminado a la evangelización, Giménez disolvió la contraposición con el voluntariado asistencial, afirmando que nada es “más asistencial” que dar esperanza al desesperado.


Aunque existe el riesgo de creer que los voluntarios van a “evangelizar”, lo cierto es que muchos regresan “evangelizados” de la misión. Por eso, algunos misioneros, como el sacerdote de la OCSHA Patricio Larrosa, misionero en Honduras, no exigen ningún tipo de condición para ser voluntario misionero, porque se plantea la misión como un modo de evangelizar también “a los europeos”.

Por otro lado, el voluntariado misionero no está integrado sólo por las personas que en un determinado momento deciden ir a los territorios de misión, sino por una legión incontable de adultos, jóvenes y niños que hacen animación misionera en los colegios, las parroquias, las delegaciones de misiones, etc. Del mismo modo, muchos misioneros que han dejado la vanguardia por razones de edad o enfermedad, se convierten al regresar en voluntarios misioneros al servicio de la animación en sus propias diócesis.
 
Finalmente, durante la Asamblea ha habido una coincidencia en la importancia que tiene este “semillero” del voluntariado misionero para las vocaciones misioneras “ad vitam”. Como dijo el delegado de Misiones de Pamplona, José María Aicua, “las almas de Dios han sido cultivadas por almas de Dios”.
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