25/6/13

"Dadles vosotros de comer"

Cada año, gracias la generosidad de los donantes de OMP, cobra vida el milagro de la multiplicación. El Señor bendice estas ofrendas y lanza una mirada de complicidad a quienes, como los niños del milagro, han puesto en sus manos la pequeñez de su limosna.

Jesús encarga a quienes ha llamado para estar con Él y anunciar el Reino, a los Doce, que sean ellos los que den de comer a los necesitados del pan y de la Palabra. En cambio, ellos, ante la falta de recursos, proponen lo más razonable. Le piden a Jesús que despida a la gente para que cada uno “se busque la vida”. Expresión que resulta ofensiva para los oídos del necesitado; lo que en nuestro lenguaje se manifiesta en un “¡Dios te ayude!”.

Jesús, sin embargo, va en otra dirección. Les mira a los ojos y les invita a contemplar lo que tienen y a reconocer que lo que hay en sus manos es pura gratuidad. Es poco, solo unos panes y unos peces; no tiene ningún valor, porque lo ha ofrecido un niño; además, es desproporcionado ante tanta necesidad. Pero obedecen y hacen lo que Jesús les pide: “Dad de vuestra pequeñez, dad de vuestra pobreza...”. El resto es conocido por todos. Lo que es imposible para los hombres, no tiene límites para Dios. “Y todos se saciaron”.

En el siglo XIX resonó en los oídos de dos mujeres y de un obispo, todos franceses, la voz de unos misioneros que no tenían recursos para realizar con fruto la obra de la evangelización en lugares extremos: África, Asia... El “ayúdanos” del macedonio que escuchó Pablo en Tróade resonó en el corazón de estas tres personas, con la misma fuerza del “dadles vosotros de comer”. Su respuesta no se hizo esperar, y comenzó una corriente solidaria con los más pobres y con los misioneros, poniendo en sus manos la oración y la limosna en favor de los más necesitados y los más débiles. Desde entonces, Jesús sigue bendiciendo estas donaciones, después de dar gracias al Padre por la generosidad de los hombres, para que se multipliquen por 30, por 60, por 100, como dice la parábola del sembrador.

Pío XI intuyó la magnitud de estas iniciativas y las asumió como propias en 1922. De esta forma, cada año, en las Jornadas de las Obras de Propagación de la Fe, Infancia Misionera y San Pedro Apóstol se oye el testimonio de los misioneros y misioneras solicitando ayuda, porque no les queda nada para atender a sus gentes. Entonces, la red de millones de personas, mayores y pequeños, ricos y pobres, que viven en los cinco continentes y que constituyen el servicio de las Obras Misionales Pontificias, se convierte en la mano larga de Jesús, que busca en el capacho la porción de pan y de pescado que, de manera gratuita, los fieles han puesto a su disposición. Así, cada año se repite el milagro de la multiplicación, teniendo como “repartidores” a los misioneros, que siempre están cerca de los más necesitados.

De esta manera tan sencilla, en los cinco últimos años, desde el año 2008 al 2012 –años sellados por la crisis económica–, los fieles de Asia han entregado a la Iglesia para las misiones 49.626.421,23 $; los de Oceanía, 45.689.685,51 $; los de África, 11.848.710,70 $; los de América, 355.821.205,69 $; y los de Europa, 534.358.907,81 $. En total, han sido 997.344.930,94 $. De estas aportaciones, 145.805.825,81 $ han salido de los bolsillos de los españoles. El Señor lanza una mirada de complicidad a quienes, como aquellos niños, han puesto en sus manos la pequeñez de su limosna.


Anastasio Gil, Director Nacional de OMP
Publicado en la revista Misioneros Tercer Milenio, junio 2013
Mayo: Por cristianos de África, para que den testimonio de reconciliación, de justicia y paz, imitando a Jesús
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