24/6/13

Una experiencia “difícil de olvidar”

Los diez jóvenes que pasaron sus vacaciones, el verano pasado, en la misión que los Franciscanos Conventuales tienen en Corozal (Colombia), saben ahora que "la injusticia, la soledad, la falta de oportunidades... tienen nombre". Un mes ha sido suficiente para que estos chicos se asomaran a una realidad muy diferente a la que estaban acostumbrados, pero necesitarán mucho más tiempo para "digerir" lo mucho que han sentido allí.

“A Corozal es fácil llegar, pero difícil de olvidar”. Nos dijo Andrés, un joven colombiano, nada más llegar a nuestro destino en Colombia. Sus palabras nos conmovieron. Llegabamos un grupo de jóvenes, todos con diferentes carismas y personalidades; todos con motivaciones y expectativas diferentes. Pero todos empujados por un mismo espíritu: sencillos, dispuestos, entregados, y con los ojos, la cabeza y el corazón bien abiertos. Y aún hoy no las hemos olvidado porque hemos comprobado que son ciertas, esta experiencia misionera es algo no que “no se puede olvidar”.

Colombia es un país de contrastes. En Corozal, nos quedamos maravillados al ver el paisaje paradisíaco que envuelve a la ciudad. Pero la realidad social en la que viven sus habitantes es bien distinta, conviven, en medio de la pobreza, unos 50.000 habitantes. Sus casas están a medio hacer, las calles están sin asfaltar, y la luz y agua son escasas.

Nos alojamos en el convento de Santa Clara, donde viven cuatro frailes conventuales que se ocupan de los trabajos pastorales y sociales en la ciudad. Su entrega a los demás desde la humildad y la sencillez, viviendo fieles al Evangelio, llevando a Jesús y su Palabra, hace que si uno pasa por allí pueda ver la huella del mismo Francisco de Asís.

Nuestro servicio a los demás comenzaba siempre una oración comunitaria, compartir un rato de oración nos servía para recordar y tener presente a quien estaba detrás de todo el proyecto, que no es otro que el Señor. En su nombre trabajamos con los niños en el refuerzo escolar, acompañamos a los ancianos…

Durante cuatro semanas hemos podido compartir nuestra vida con la gente de Corozal. La sencillez de la gente, su alegría inexplicable en medio de la pobreza. El servicio y la entrega de los misioneros que creen en un mundo mejor y su fidelidad al Evangelio, han dejado en nosotros una huella imborrable. Corozal es, ciertamente, difícil de olvidar.

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