7/7/13

Fin del Curso de Verano de Misionología

En esta primera experiencia de curso de verano, que ha girado en torno a la fundamentación misionera y a la vocación, han participado 27 alumnos procedentes de 12 diócesis españolas.


Ha concluido en Segovia el  Curso de Verano de Misionología sobre la misión, la vocación y la animación misioneras,  organizado por Obras Misionales Pontificias y la Universidad San Dámaso.

Según María del Mar Martín Pérez, de la delegación de misiones de Segovia, “los días se han ido sucediendo entre clases magistralmente dirigidas por José María Calderón, Juan Carlos Carvajal, Mª Jesús Hernando y Juan F. Martínez. Personalmente soy capaz de poner nombre a las diferentes formas de misionar, hemos buceado en vocaciones misioneras del Antiguo Testamento (Abrahán, Isaac, Jacob, Jeremías, Oseas, entre otros) y hemos comprendido lo que Cristo (como hijo y enviado de Dios) quiere que hagamos todos los cristianos: dejar que el Espíritu Santo, que vive en el mundo, transmita, a través de nosotros, la Palabra y la Buena Nueva de la Resurrección.

Una vez asumido, más o menos, el mensaje, yo me pregunto ¿cómo? Y una cosa que me ha quedado clara es que no estoy sola en la misión, que existen miles de personas con la misma inquietud y que vamos a conseguir sembrar pequeñas semillas evangelizadoras cada uno donde Dios le diga que tiene que vivir”.

Los objetivos del curso se han cumplido: reflexionar sobre la dimensión misionera de la fe, revelada, transmitida y vivida; profundizar en cuestiones fundamentales de la Teología de la Misión; intercambiar experiencias sobre animación y formación misionera; y disfrutar de momentos de convivencia misionera. Por eso, han sido importantes el tiempo compartido por los misioneros y participantes en este curso de verano dedicados a la oración diaria, en forma de laudes, celebraciones eucarísticas, vísperas, rosarios o como oración personal.

Cuenta Mª del Mar que, “Al igual que nuestra espiritualidad no puede caminar sin acercarnos a la eucaristía, nuestro cuerpo no puede caminar sin el motor de la comida. Cómo hemos disfrutado del buen hacer culinario de las Hermanas Religiosas de María Inmaculada, que nos han acogido en la residencia del mismo nombre, muy cerquita del acueducto. Nos han mimado con postres, dulces y gazpachos, carnes y pescados, hechos con amor. Y ¡qué decir de sus madalenas…! Teníamos, junto a ellas, un refugio frente a los rigores del calor, que ha asolado las calles de la ciudad de Segovia en estos días. Estas altas temperaturas las vivimos el día de ‘cultivamos’ las historias y leyendas de la ciudad, con un paseo por las principales calles del casco antiguo. Entre fotos y risas, fuimos descubriendo la arquitectura románica de sus iglesias, el esgrafiado de sus fachadas, los ecos de la lucha comunera en La Alhóndiga, los pasos reales en el Alcázar, el frescor del paseo del Eresma y el silencioso ruido del agua transportada por el acueducto.


Pero como dijo Antonio Machado, paseante de Segovia: ‘todo pasa y todo queda…’ Al terminar el curso nos llevamos una amistad sincera, un compartir experiencias misioneras, una fe afianzada en el amor de Dios, pero sobre todo, y personalmente hablando, me llevo la creencia que Dios habla a través de mis gestos y palabras, y que tengo que dejar que el Espíritu actúe a través de mí; ser canal para que los demás vean al Jesús del amor en pleno siglo XXI”.
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