11/7/13

#SEM13: Iglesia, madre de los mártires

Roberto Calvo, profesor de la Facultad Teología Burgos, fue el encargado de la ponencia que abrió la jornada del miércoles: “Una iglesia martirial que engendra testigos de la fe”.

La Iglesia de hoy continúa escribiendo su martirologio”, afirmó Calvo al inicio de su conferencia, recordando el ejemplo de monseñor Óscar Romero, obispo de El Salvador que dedicó su vida a los pobres, y que fue asesinado en 1980 mientras celebraba la Eucaristía. Y esta Iglesia, según explicó, es madre de los mártires.



Para explicar con más precisión la idea de la Iglesia como madre, el profesor recurrió a los primeros cristianos, y cómo llamaban a la Iglesia. Desde el principio, los cristianos hablaban de una “Ecclesía”, que en griego significa “Asamblea”. Este término hacía alusión a las personas, no a los templos, y hace referencia a la Asamblea de ciudadanos libres que se juntaban en Grecia para hablar. Pero esta “Ecclesía” supera a la asamblea griega política, ya que va más allá: sus miembros forman un único pueblo, sin distinción ni segregación.

“La fe, si es auténtica, tiene que llevar a la misión, y viceversa”, afirmó el profesor, y explicó que el papel de la transmisión de la fe recayó en “misioneros anónimos”, que salieron de Jerusalén hasta todas las partes del mundo. Esta Iglesia sale al ágora con una gran novedad: la esperanza de la resurrección en la memoria de la Pascua. Pero esta transmisión de la fe no siempre fue bien comprendida y aceptada, de forma que el martirio se dio desde los inicios de la Iglesia. “El mártir sigue a Dios hasta las últimas consecuencias”, afirmó Roberto Clavo, explicando que el martirio es una forma de amor a Dios. Y los que lo sufren no están solos, tienen detrás una comunidad y unen su martirio a la Eucaristía.La Iglesia sería estéril sin el martirio: se convertiría en una multinacional”, explicó en profesor.

A continuación, se centró en la denominación de la Iglesia como madre, que se remonta a San Agustín, y que fue asumida por el Concilio Vaticano II. La Iglesia es una madre que engendra e inicia a los cristianos. Por eso es tan importante cuidar la iniciación cristiana, en la que los catecúmenos van madurando en la fe. Roberto Calvo subrayó que la Iglesia tiene que ser como la luna: sin tener luz propia, debe reflejar la luz del Sol, que es Cristo. A lo largo de la historia, debido a los pecados de sus miembros, la Iglesia no ha sabido mostrar bien el resplandor de la verdad, llegando a ser casi luna nueva. Pero siempre vuelve a reflejar esta luz.

Por último, el profesor dio tres claves para que la misión de la Iglesia siga siendo martirial. En primer lugar, Roberto Calvo reiteró que era necesario desarrollar una misión profética martirial, en la que los misioneros, al tiempo que miran hacia abajo –hacia los sufrimientos de la gente que acompañan-, alcen su mirada al cielo. En segundo lugar, subrayó la necesidad de una misión que presente a la Iglesia como “madre de la alegría”. Y, por tercer y último lugar, citó la importancia de una misión de pan partido y sangre derramada por amor.
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