4/8/13

En verano … ¡Misioneros!

Así dice el cartel de “Iglesia en Misión” que OMP ha difundido entre parroquias y comunidades cristianas para recordar, a quienes deseen verlos, que hay otra forma de vivir el verano, siempre con una dimensión misionera.



“Salir” de uno mismo para ir al encuentro del otro.
Dos grandes ojos delatan la alegría que inunda a los protagonistas de la imagen. Una joven, con rasgos occidentales, que ha optado por vivir las vacaciones de verano dedicándose a los “otros”. No es la imagen convencional de la joven que durante el verano oculta sus ojos detrás de unas negras gafas de sol. Ni siquiera está aliada con el mar y le sol. Está sencillamente sonriendo junto a una niña que apoya sus manos y carita en el hombro de la protagonista. El rostro de la más pequeña, en vez de mostrar sonrisa –que la evidencia- evoca la paz de quien se reconoce amado y acogido.

El lema habla de pluralidad. La palabra “misioneros” –en plural- no se refiere a la mayor que ha tenido la deferencia de ir a estar con la pequeña, sino a los dos porque ambos se saben acogidos y queridos. La diversidad de la tez se trueca uniformidad en los ojos saltones y elocuentes que interpelan al que se detiene a contemplar: Somos misioneros!

Es una imagen esperanzadora porque abre horizontes. En verano se pueden hacer muchas cosas, pero todas ellas con dimensión misionera:

En verano… misioneros en y con la familia: Días para escuchar y compartir con los pequeños y con los mayores. Es la gran oportunidad para compartir el tiempo con quienes a lo largo del curso es más difícil atender, escuchar y servir

En verano… misioneros con los amigos: Muchos días y horas conversando sin prisa con quienes apenas podemos relacionarnos más allá del mail o la llamada por teléfono. Es la oportunidad de poder mirar a los ojos de quienes amamos y dejarnos interpelar por ellos.

En verano… misioneros con la naturaleza: Son días para contemplar la belleza de la creación y poder trascender la inmediatez de la observación. Escuchar los susurros del mar o de la montaña o el silencio de la noche es una oportunidad para alabar al Creador.

En verano… misioneros de la fe: El Papa Francisco dice en la Encíclica Lumen fidei que el contagio de la fe se hace de persona a persona, como un llama prende otra llama. Cuántas oportunidades para contagiar la fe y cuántas circunstancias para fortalecer la fe recibida.

En verano… misioneros siempre y en todo lugar. Si alguna vez olvidamos nuestra vocación a la misión miremos los bellos rostros de “Iglesia en misión”. Ellos son misioneros.


Anastasio Gil García
Director Nacional de OMP - España
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