19/11/13

Acompañar dando esperanza

Miguel Ángel y Cristina, son una familia en misión, del Camino Neocatecumenal, que se encuentra en Cebú, Filipinas. Nos han escrito para contarnos como vivieron el paso del tifón y como se están movilizando para ayudar a los damnificados. Su testimonio impresiona por eso os invitamos a leerlo y que de su lectura brote una oración por los hermanos filipinos que sufren y los misioneros que los acompañan.



“Los primeros días han sido durísimos, viendo imágenes de tanto sufrimiento, se me siguen saltando las lágrimas. Me venían a la cabeza las palabras de San Pablo “con los que ríen estar alegres, con los que lloran, llorad…” Viendo tanta destrucción me sentía completamente impotente, sin poder hacer nada, ¿qué es dar un poco de ropa o de comida…? no es nada… Y el demonio en boca de otros me preguntaba: ¿dónde está tu Dios…? dónde en medio de tanta muerte... ¿para qué estás ahí?, no vale de nada… El Señor nos ha hecho contemplar muy de cerca el “sufrimiento de los inocentes”, estos hermanos que ya en circunstancias normales muchos de ellos sufren las injusticias, la miseria, la falta de dignidad…, que son inocentes. ¿Qué hago yo aquí?

Y el Señor me dio la respuesta a través vuestro e-mail, dándonos las gracias por “permanecer aquí, en medio de este pueblo que sufre, llevando a la gente el consuelo de Jesús…”, está es la respuesta, la gente pregunta que por qué no nos volvemos ya, después de todo lo que está pasando, y la respuesta es ésta, todo lo que podemos hacer por estas personas es estar aquí, hacer presente a Cristo en medio del sufrimiento, poder llevar a estos hermanos que sufren el anuncio del Amor de Dios, el consuelo y la esperanza en la Vida Eterna. Esa en nuestra misión y por eso seguimos aquí.

Damos gracias a Dios porque nuestra familia está bien, pero ciertamente están siendo momentos muy duros. Os contamos a continuación una pequeña crónica de cómo vivimos los días de la tragedia:

En Bohol, una pequeña isla de al lado este terremoto causó mucha destrucción, muchos perdieron sus casas y hubo unos 200 muertos, muchas iglesias se desplomaron. El 2 de noviembre fuimos allí con más de 50 hermanos de las comunidades de Cebú, a anunciar el Evangelio por las calles y por las tiendas de campaña donde muchas personas que han perdido sus casas han sido acogidas. Fue una experiencia impresionante, poder cantar "Aleluya, Resucitó" en medio de aquella devastación, la gente se veía que estaba sedienta de una palabra de aliento, de esperanza en la Vida Eterna.

Cuando regresamos al día siguiente a Cebú nos dijeron que se acercaba el tifón. Se cancelaron las clases, se cerró todo, parecía una ciudad fantasma, sólo se oía el viento. Estuvimos 3 días sin luz, ni agua, sin teléfono. Pero cuando el domingo por la noche volvió la luz y comenzamos a ver noticias nos quedamos sobrecogidos..., el norte de nuestra isla ha sido arrasado, las islas tanto al este como al oeste han sido las más afectadas. Ver tanto sufrimiento, tanta muerte, tantísimo dolor, nos encoge el alma, el dolor de nuestra gente, después de 15 años aquí, éstos son también nuestros hermanos.  


En nuestra ciudad, Cebú, se está acogiendo a miles de evacuados que lo han perdido todo. En medio de tanta tragedia también somos testigos de que surge lo mejor de las personas, no sólo lo malo, como a veces lo presentan en las noticias. Somos testigos de que todo el mundo se está movilizando, ayudando como se puede, la tragedia es de tal magnitud, que todo parece poco, son miles de afectados.

Yo pensaba el otro día, contemplando escenas de este horror, en la Virgen María, ¿qué fue para ella contemplar a su Hijo sufriendo infinitamente? y pensé ¿qué podía hacer ella?, estoy segura, como madre que soy, que hubiese querido ponerse en su lugar, poder menguar sus sufrimientos de alguna manera, pero no podía, ¿qué podía hacer ella…? ESTAR ALLÍ, su presencia era lo que consolaba a Jesús, saber que no estaba solo, que su Madre estaba allí, haciéndole presente el Amor de Dios, dándole sentido a tanto sufrimiento. Y esto me consuela a mí también, saber que Dios está aquí, en estos hermanos que sufren. Y por eso seguimos aquí, yo sigo aquí, pese a que me duela el alma ver y escuchar tanto dolor, porque aquí estamos sólo de paso, porque existe el Cielo y estos hermanos que han muerto en esta tragedia ya nos han precedido allí.

Gracias por vuestras palabras de aliento y sobre todo por vuestras oraciones y que el Señor os bendiga”.


Miguel Ángel, Cristina, Paloma, Josué, María, Isaac y Samuel, desde Filipinas.
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