18/11/13

Impulsar la misión en Latinoamérica

El papa Francisco tiene un gran interés por impulsar la evangelización en América Latina en consonancia con el Documento de Aparecida y la gran iniciativa de la misión continental. Por eso se ha hecho presente con un video-mensaje en la Peregrinación y Encuentro “Nuestra Señora de Guadalupe, Estrella de la Nueva Evangelización en el continente americano” que comenzó este sábado en México.


El Papa vuelve a insistir en que Aparecida significa para la Iglesia en Latinoamérica “poner a la Iglesia en estado permanente de misión, realizar actos de índole misionera sí, pero en el contexto más amplio de una misionariedad generalizada: que toda la actividad habitual de las iglesias particulares tengan un carácter misionero”. Para remarcar el papel sobresaliente de Nuestra Señora de Guadalupe en la evangelización de América el Papa le otorgó la Rosa de Oro pontificia, que fue depositada solemnemente a los pies de la Patrona de América el domingo.

En el encuentro participan un total de nueve cardenales, más de ochenta obispos, sacerdotes y religiosas y miles de peregrinos participan. Está promovido por la Pontificia Comisión para América Latina y su objetivo es involucrar cada vez más a todas las Iglesias de las Américas en el dinamismo de una "misión continental". La ceremonia de inauguración tuvo lugar en la Basílica de Guadalupe y fue presidida por el cardenal Norberto Rivera, arzobispo de México, y el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos y presidente de la Comisión Pontificia para América Latina.

En el mensaje el Papa incidió en algunos puntos esenciales que además son líneas fuertes de su pontificado. El primero es resaltar que la actividad misionera de la Iglesia no es una actividad más de su empeño pastoral sino que “es paradigma, es decir, es el paradigma de toda la acción pastoral”. Porque es algo “vital para la Iglesia no encerrarse, no sentirse ya satisfecha y segura con lo que ha logrado. Si sucediera esto, la Iglesia se enferma”, por eso invitó de nuevo a “salir de la propia comunidad y atreverse a llegar a las periferias existenciales”. El segundo punto: “el objetivo de toda actividad pastoral siempre está orientado por el impulso misionero de llegar a todos, sin excluir a nadie y teniendo muy en cuenta la circunstancias de cada uno” y aconsejó tener “mucha paciencia” para cuidar el trigo y no perder la paz por la cizaña, para “privilegiar en primer lugar lo más esencial y más necesario, es decir, la belleza del amor de Dios que nos habla en Cristo muerto y resucitado” y además “ser creativa en sus métodos”. El tercer punto fue recordar que “quien conduce la pastoral en la Iglesia particular es el obispo”, que es el pastor y que debe cumplir su ministerio con “cercanía, con ternura, con paciencia, manifestando efectivamente la maternidad de la Iglesia y la misericordia de Dios”. En relación con éste el último punto fue decir a los demás agentes de la pastoral que estas actitudes del obispo “han de calar muy hondo […] muy especialmente en los presbíteros” y evitar la “tentación del clericalismo, que tanto daño hace a la Iglesia en América Latina” ya que supone “un obstáculo para que se desarrolle la madurez y la responsabilidad cristiana de buena parte del laicado”. Hace falta “formar ministros capaces de projimidad, de encuentro, que sepan enardecer el corazón de la gente, caminar con ellos, entrar en diálogo con sus ilusiones y sus temores” y esta es responsabilidad directa del obispo. También animó a las personas consagradas a ser fermento para hacer crecer a la Iglesia y a ser “fieles al carisma recibido: que en su servicio a la Santa Madre Iglesia jerárquica no desdibujen esa gracia que el Espíritu Santo dio a sus fundadores y que la deben transmitir en toda su integridad.

Concluyó el Papa su mensaje dando las gracias a todos por el compromiso en la misión continental y recordando que el bautismo nos hace discípulos y misioneros. “Les ruego, como padre y hermano en Jesucristo, que se hagan cargo de la fe que recibieron en el bautismo. […] Este tesoro de la fe no es para uso personal. Es para darlo, para transmitirlo, y así va a crecer. Hagan conocer el nombre de Jesús. Y si hacen esto, no se extrañen que en pleno invierno florezcan rosas de Castilla [en referencia al milagro de San Juan Diego y la aparición de la Virgen de Guadalupe y a la Rosa de Oro que le ha concedido]. Porque saben, tanto Jesús como nosotros, tenemos la misma Madre”.

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