9/12/13

Evangelización al estilo de María

El Papa ayer, solemnidad de la Inmaculada Concepción, pedía a la Virgen: “Haz que no perdamos el sentido de nuestro camino terrenal”, para poder así vivir la fe, la esperanza y el amor que nos conducen hacia Dios. Desde el principio de su ministerio el Papa ha mostrado siempre su amor y su confianza en la Madre de Dios para poder responder a las exigencias y desafíos del mismo.



Se trata de algo más que devoción: el Papa está convencido de la necesidad de vivir como María para poder responder a la misión que Cristo nos confía. Francisco afirma en la exhortación apostólica Evangelii gaudium algo tan clarividente como: “Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño” (n. 288). La llama “Estrella de la nueva evangelización” (título también inspirado en la Evangelii nuntiandi), ya que “Ella se dejó conducir por el Espíritu, en un itinerario de fe, hacia un destino de servicio y fecundidad” (n. 287) y ayuda a la Iglesia en su peregrinación por este mundo para que no se pierda y así “los nuevos discípulos se conviertan en agentes evangelizadores”. Para ello hace falta valorar el deseo de justicia, las virtudes de la humildad y la ternura, el espíritu de contemplación y de servicio: “Esta dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización” (n. 288).

Y termina con una hermosa oración dirigida a María que parte del convencimiento que ella dirige a la Iglesia hacia la auténtica renovación de la Iglesia por la que aboga en toda la exhortación apostólica. “Es el Resucitado quien nos dice, con una potencia que nos llena de inmensa confianza y de firmísima esperanza: «Yo hago nuevas todas las cosas» (Ap 21,5). Con María avanzamos confiados hacia esta promesa, y le decimos:

Virgen y Madre María,
tú que, movida por el Espíritu,
acogiste al Verbo de la vida
en la profundidad de tu humilde fe,
totalmente entregada al Eterno,
ayúdanos a decir nuestro «sí»
ante la urgencia, más imperiosa que nunca,
de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.

Tú, llena de la presencia de Cristo,
llevaste la alegría a Juan el Bautista,
haciéndolo exultar en el seno de su madre.
Tú, estremecida de gozo,
cantaste las maravillas del Señor.
Tú, que estuviste plantada ante la cruz
con una fe inquebrantable
y recibiste el alegre consuelo de la resurrección,
recogiste a los discípulos en la espera del Espíritu
para que naciera la Iglesia evangelizadora.

Consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados
para llevar a todos el Evangelio de la vida
que vence a la muerte.
Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos
para que llegue a todos
el don de la belleza que no se apaga.

Tú, Virgen de la escucha y la contemplación,
madre del amor, esposa de las bodas eternas,
intercede por la Iglesia, de la cual eres el icono purísimo,
para que ella nunca se encierre ni se detenga
en su pasión por instaurar el Reino.

Estrella de la nueva evangelización,
ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión,
del servicio, de la fe ardiente y generosa,
de la justicia y el amor a los pobres,
para que la alegría del Evangelio
llegue hasta los confines de la tierra
y ninguna periferia se prive de su luz.

Madre del Evangelio viviente,
manantial de alegría para los pequeños,
ruega por nosotros.

Amén. Aleluya”.
Julio: Por nuestros hermanos que se han alejado de la fe, para que, con nuestra oración puedan redescubrir la cercanía del Señor
Tribuna Misionera Estatuto de Obras Misionales Pontificias: "Puesta al día"

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