3/12/13

¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!"

Evangelii gaudium: "Los desafíos están para superarlos. Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega esperanzada. ¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!"



El capítulo segundo, “En la crisis del compromiso comunitario”, es tal vez el más complejo y delicado; necesita, por tanto una aproximación desde el mismo espíritu de la exhortación apostólica. La primera parte trata de “Algunos desafíos del mundo actual” (nn. 52-75). En ella se enuncian una serie de “nos”: “No a una economía de la exclusión” (nn. 53-54); “No a la nueva idolatría del dinero” (nn. 55-56); “No a un dinero que gobierna en lugar de servir” (nn. 57-58) y “No a la inequidad que genera violencia” (nn. 59-60). A continuación describe “Algunos desafíos culturales (nn. 61-67), los “desafíos de la inculturación de la fe” (nn. 68-70) y los “desafíos de las culturas urbanas” (nn. 71-75).

El Papa es consciente de los límites: hoy en día hay “exceso de diagnóstico” y falta de propuestas; el peligro de quedarse en lo meramente sociológico, etc. (n. 50); así como, en su caso, que “no es función del Papa ofrecer un análisis detallado y completo sobre la realidad contemporánea” (n. 51). Francisco quiere más bien ofrecer criterios para un “discernimiento evangélico” (n. 50), en atención a los “signos de los tiempos” (n. 51) con la intencionalidad de denunciar “algunos aspectos de la realidad que pueden detener o debilitar los dinamismos de renovación misionera de la Iglesia” (n. 51).

Fiel a esta intencionalidad, la segunda parte desgrana las “Tentaciones de los agentes pastorales” (nn. 76-109) para vencer las dificultades de la evangelización misionera que pone la situación del mundo. Y se abre con un gran “sí”: “Sí al desafío de una espiritualidad misionera” (nn. 78-80), que implica “No a la acedia egoísta” (nn. 81-83) y “No al pesimismo estéril” (nn. 84-86). Le sigue otro gran “sí”: “Sí a las relaciones nuevas que genera Jesucristo” (nn. 87-92), que conlleva el “No a la mundanidad espiritual” (nn. 93-97), el “No a la guerra entre nosotros” (nn. 98-101), así como “Otros desafíos eclesiales” (nn. 102-109).

El papa Francisco expresa su intención de ofrecer una “mirada pastoral” (n. 50) y por eso, a la vez que agradece a todos los agentes pastorales su labor evangelizadora, constata que “como hijos de esta época, todos nos vemos afectados de algún modo por la cultura globalizada actual que, sin dejar de mostrarnos valores y nuevas posibilidades, también puede limitarnos, condicionarnos e incluso enfermarnos” (n. 77). Por eso denuncia aquello que puede afectar a los agentes pastorales y propone las soluciones. Es altamente significativo de que, a pesar que el capítulo último está dedicado a la espiritualidad misionera, en esta parte se presente la espiritualidad precisamente como solución a las tentaciones del evangelizador.

Las denuncias que hace el Papa en la primera parte las expresa en cuanto influyen en el pensamiento y en la vida de los agentes pastorales de la Iglesia. En particular “una acentuación del individualismo, una crisis de identidad y una caída del fervor”, que dice, son “tres males que se alimentan entre sí” (n. 78). Francisco denuncia la acedía, término clásico de la espiritualidad para denominar el cansancio cuyo origen “no es siempre el exceso de actividades, sino sobre todo las actividades mal vividas, sin las motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga deseable” (n. 82). También denuncia el “pesimismo estéril”, que proviene de vivir con “conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre” (n. 85). Por eso propone vivir “las relaciones nuevas que genera Jesucristo” aprovechando los modernos medios de comunicación (n. 87), porque “el ideal cristiano siempre invitará a superar la sospecha, la desconfianza permanente, el temor a ser invadidos, las actitudes defensivas que nos impone el mundo actual” (n. 88). Consecuentemente el Papa invita a erradicar “la mundanidad espiritual” (nn. 93-97) y “la guerra entre nosotros” (nn. 98-101). Al final el Papa enuncia “otros desafíos eclesiales” a los que hay que prestar atención: el papel de los laicos, el aporte de la mujer, la pastoral juvenil y vocacional.

Concluye el Papa el capítulo con esperanza, animando a todos: “Los desafíos están para superarlos. Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega esperanzada. ¡No nos dejemos robar la fuerza misionera!” (n. 109).


Juan Martínez
Obras Misionales Pontificias España
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