2/11/15

Por los fieles difuntos

En camino hacia el Padre 


Oremos por los fieles difuntos especialmente por todos los misioneros


La conmemoración de todos los fieles difuntos es un día de recuerdo y de oración de todos aquellos que “nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz” (Canon romano). La memoria de los que ya han fallecido nos estimula a caminar con esperanza hacia la casa del Padre junto con todos nuestros hermanos.

De la misma manera que la Iglesia reúne en una misma fiesta a todos los santos, tiene una celebración para todos los difuntos. Se trata de un gesto muy sencillo y elocuente de lo que significa la universalidad de la Iglesia y de su amor de Madre hacia sus hijos: su misión abarca a todos los hombres y pueblos y no quiere olvidarse de ninguno ni en la vida ni en la muerte.

La conmemoración de todos los fieles difuntos nos recuerda que en este mundo estamos de paso, estamos en camino. Los discípulos se sienten desconcertados cuando Jesús les indica que va a partir porque “¿cómo podemos saber el camino?” (Jn 14,5); Jesús les responde diciendo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. Es el fundamento de la esperanza cristiana. Frente a las múltiples incertidumbres que acechan siempre en nuestro camino en este mundo, la fe en Cristo ofrece una certeza que es su misma persona. La esperanza cristiana no se basa en especulaciones, sino en la persona misma de Jesús, que en su vida terrena, en su muerte y resurrección nos despeja el camino hacia el Padre para que caminemos sin titubeos. Allí nos encontraremos todos juntos y felices para siempre. La Iglesia recorre el camino de Jesús y de los hombres, esa es la tarea que Dios le ha encomendado, y a todos nos lleva hacia Dios.

En este día de los fieles difuntos recordamos por eso a quienes nos han precedido y ya descansan para que intercedan por nosotros y su ejemplo nos sirva de estímulo en nuestro caminar. ¿A quienes recordar especialmente?
- Desde luego y en primer lugar, a nuestros familiares y amigos difuntos.
- A aquellos que de una manera u otra han ejercido una influencia beneficiosa en nuestra vida.
- A los que nos han transmitido la fe y nos han enseñado a vivir como cristianos.
- A aquella multitud de personas que han dedicado su vida -muchas veces de manera anónima- al servicio de la Iglesia.
- A quienes han desgatado su vida en la misión sin buscar recompensa en este mundo.
- A todos los colaboradores cercanos (en la misión) y lejanos (en las Delegaciones diocesanas de misiones) de los misioneros y misioneras.
- A aquellos que no tienen quien se acuerde de ellos y rece por ellos.

Los fieles difuntos han recorrido el camino de Jesús y de las bienaventuranzas y han llegado a la casa del Padre; desde allí se preocupan de nuestro caminar para que sea en la fe y el amor. Hoy los recordamos, pidiendo por ellos para que ellos también iluminen nuestro camino y al final del camino nos encontremos juntos en la paz de Dios.

Juan Martínez, fmvd
Obras Misionales Pontificias
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