2/1/17

Mi deseo para el Año Nuevo: un mundo con Dios



Ahora que todos tenemos buenos deseos para el Año Nuevo, me atrevo a pedir uno: Un mundo en el que Dios vuelva a estar presente. No hay más que echar una mirada a nuestro entorno para comprobar que las cosas no están mejor desde que hemos decidido echarle de nuestras vidas. Tenemos una gran nostalgia de Dios, pero la disimulamos distrayéndonos con una oferta inabarcable de propuestas que nos impiden mirar serenamente al corazón, y ver lo triste que está sin el Señor.

Un mundo con Dios. No es un deseo imposible. Tengo un ejército de amigos que están empeñados en convertir este deseo en realidad. Los misioneros son testigos del giro de 180º que da el corazón del hombre cuando se abre a Dios, cuando le deja entrar en su vida. Y un hombre lleno de Dios, es un hombre que sale de sí al encuentro de sus hermanos, es un hombre que transforma su pueblo, su ciudad, su país, el mundo. ¿No es esto lo que más necesitamos?

Me he encontrado un texto sobre los misioneros del cardenal Robert Sarah, en su libro “Dios o Nada”, que me ha confirmado en la convicción de que, gracias a ellos, un mundo con Dios, un mundo transformado por el amor, es posible:
“Con medios irrisorios llevan a la humanidad toda la bondad de Dios. Muchas veces las instituciones misioneras son las únicas que se ocupan de los pobres y de los enfermos que no le importan a nadie. Cuando gobiernos irresponsables, ejércitos despiadados o grupos de presión sedientos de beneficios siembran el terror y la desesperanza, solo quedan las manos abiertas de Dios que, gracias al coraje de los mensajeros del Evangelio, consuelan a los más pobres de entre los pobres. Entre esos misioneros hay santos. Aunque a muchos de ellos no los conocerá nadie, su santidad es impresionante”.

Acabamos de celebrar la Navidad, y parece que está ya tan lejos… Pero Dios está aquí para acompañarnos cada día de nuestra vida. Siempre he pensado que los misioneros viven como nadie el misterio de la Encarnación. Celebrar que Dios se ha hecho hombre, es celebrar al Emmanuel, Dios con nosotros. Un Dios que nos enseña a amar amando.

Jesús se ha mezclado con su pueblo sin privilegios, siendo uno entre tantos. Así actúan los misioneros; ellos saben que para llevar la noticia del Salvador a los hombres, hay que estar entre ellos, comprendiendo sus preocupaciones, sus dolores y alegrías. Como ha hecho Dios con nosotros, los misioneros cultivan la paciencia, dejando que cada ser humano haga libremente su camino, y estando a su lado para acompañar, dar ánimo y levantar al que cae. Hacerse pequeño con el pequeño es la gran lección de la Navidad, que nuestros misioneros han comprendido tan bien.

Sí, mi deseo para 2017 es que Dios vuelva al mundo. La contemplación de la cuna vacía esperando al Niño tiene que ser una escena pasajera del Adviento, pero lo que nuestro corazón anhela es contemplar permanentemente la PRESENCIA de Dios entre nosotros.

Dora Rivas
OMP España - Comunicación con los misioneros 
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